Hispania Sacra 77 (156)
julio-diciembre 2025, 1347
ISSN-L: 0018-215X, eISSN: 1988-4265
https://doi.org/10.3989/hs.2025.1347

RESEÑAS

Reseña de / Review of: Johnson, Ian y Ana Maria S. A. Rodrigues (eds.): Religious practices and everyday life in the long fifteenth century (1350-1570), Brepols, Turnhout, 2021, 418 págs. ISBN: 978‑2‑503‑59355‑5.

Ángeles García de la Borbolla

Universidad de Navarra

https://orcid.org/0000-0002-3634-7255

Una vez más la consolidada y prestigiosa editorial belga nos ofrece un volumen editado por los profesores Ian Johnson y Ana Maria S. A. Rodrigues que constituye una variada y actual aportación en el ámbito de la historia de la religiosidad de la Baja Edad Media e inicio de la Modernidad. Los estudios recogidos en esta publicación son el resultado del encuentro científico celebrado en Lisboa en el año 2016, que implicó una puesta al día y revisión que permiten actualizar el conocimiento sobre la vida religiosa de los fieles en esas centurias y que abre nuevas perspectivas de análisis. En este sentido, hay que subrayar como valor añadido las contribuciones de investigadores procedentes de espacios más limítrofes a la cristiandad latina pues nos ofrece una imagen más amplia a la vez que más viva de la religiosidad. Esta obra compila estudios que espacialmente van más allá de la cuenca del Mediterráneo, llegando a la Europa del Norte y los territorios más orientales de los Balcanes, lo que la convierte en una importante contribución historiográfica. Al mismo tiempo, el amplio margen temporal escogido para las contribuciones científicas permite observar, exponer y reflexionar sobre la evolución y transformaciones de la vida y práctica religiosa en estos espacios.

La obra recoge un total de quince trabajos agrupados en cuatro bloques temáticos que ofrecen enfoques y metodologías diferentes. La diversidad de aportaciones es una característica de este trabajo que permite observar una realidad compleja y profunda desde diversos prismas. Así, encontramos artículos que tienen como punto de partida un análisis de orden institucional, como pueden ser los trabajos centrados en comunidades monásticas (D. Carrillo, B. Garí y N. Jorne-Benito, o G. Moiteiro), o los regulares de San Agustín en las aportaciones de Adela Ebersonová para las tierras checas. Mientras que en el segundo bloque se recogen aportaciones relacionadas con lo que podríamos llamar la devoción o piedad individual, tan rica en matices y abierta a transformaciones. Estas prácticas devocionales individuales son un fenómeno que va in crescendo en el periodo analizado (trabajos de M. Saczynska-Vercamer o E. Ardissino). En este mismo bloque se incluyen aquellos estudios que toman como fuentes toda la literatura escrita destinada a la devoción particular (I. Johnson) o a la formación catequética en contextos religiosos con un cierto grado de complejidad como Bohemia o Lituania (J. Dienstbier y D. Stanciene).

En esta novedosa espiritualidad individual entre los fieles laicos aparece un sentimiento nuevo desde finales de la Edad Media a la hora de afrontar la muerte, o mejor dicho, la muerte escatológica. De este modo, junto a las encomendaciones del alma a poderosos intercesores, así como las nutridas mandas piadosas, se va abriendo paso una actitud que alberga una mayor dosis de responsabilidad personal. En este marco, son cuatro las aportaciones encuadradas en este ámbito (J. Robbe; D. Mercuzot; D. Rywiková y N. Samardžić). Finalmente, tres trabajos cronológicamente más avanzados en el siglo XVI, y que tienen en común escenarios diversos donde conviven diferentes huellas religiosas (islam, cristianismo y judaísmo) que definen las nuevas fronteras de la Cristiandad, cierran este voluminoso y erudito trabajo (V. Abramovic; M. Sebök y M. Rokai).

Como hemos señalado al inicio, este tipo de aportación bibliográfica es consecuencia de espacios de reflexión y debate científico que contribuyen a enriquecer el panorama de la historia de la religiosidad, que en frecuentes ocasiones queda inscrita bajo parámetros demasiado amplios y genéricos, tendiendo a una uniformidad que simplifica la diversidad y complejidad de escenarios, así como la evolución y cambios que se van produciendo. Es ahí donde el historiador debe arrojar la luz que ilumina las fuentes bien contextualizadas y contribuye a dibujar la verdadera riqueza de un panorama más complejo y dinámico como es el de los sentimientos, actitudes religiosas del mundo medieval. Al mismo tiempo, la diversidad de estudios con diferentes corpus documentales y la amplitud espacial y temporal permiten al historiador aproximarse a las nuevas transformaciones de “larga duración” que acontecen en el marco de la religiosidad de los fieles en los albores de la Modernidad.