En El Cielo en la Tierra, Emilio Callado Estela nos invita a adentrarnos en la vida de un convento perteneciente a la antigua Provincia dominicana de Aragón, establecido por sor Inés Sisternes de Oblite en 1639 y cuya existencia perdura hasta comienzos del siglo XXI.
En el prólogo, el historiador Guillermo Nieva Ocampo rescata el valor de la vida conventual femenina y, en ella, el recuperar las vidas de las monjas: sus intenciones a la hora de elegir esa vocación, los pasos a seguir a lo largo de las distintas etapas de la consagración y las características de un monasterio reformado.
Es en este contexto donde sitúa el libro de Emilio Callado Estela: su abordaje de un caso dentro de la historia religiosa se vincula necesariamente con una historia social, que busca establecer las relaciones del convento con el mundo exterior, desempeñando en el mismo múltiples funciones.
Al final del prólogo y dando pie a la obra, Nieva Ocampo señala una de las labores ineludibles dentro del convento: el rol de la cronista, quien se ocupa de registrar la vida en el cenobio desde el momento de su fundación, dejando huellas de la vida cotidiana en dicho recinto.
Las fuentes escritas por esas mujeres consagradas constituyen las hebras con las que se teje esta obra, a la cual Emilio Callado Estela organiza en dos partes: la primera, donde nos introduce –con una narración clara y precisa– en la vida del convento de Corpus Christi; la segunda consiste en un amplio y valioso apéndice documental.
En la introducción, el autor sitúa esta obra dentro de los estudios históricos sobre las órdenes religiosas que se distancia de una perspectiva hagiográfica para integrar otros enfoques, necesarios para una mejor comprensión de estas instituciones. Destaca que, en el caso de los conventos dominicanos masculinos –en especial los de la Provincia de Aragón–, hay muy poco trabajo hecho, y en el caso de los monasterios femeninos, son prácticamente inexistentes. Entre los problemas que se manejan para esta carencia están la desamortización eclesiástica y la desaparición de numerosas comunidades con la Guerra Civil, lo que produjo la dispersión o pérdida de su documentación histórica.
Como cierre de un recorrido por los estudios de monasterios femeninos dominicanos en territorio valenciano, el autor se detiene en el convento de Villarreal, el cual se constituyó en piedra fundamental de este trabajo gracias a la localización del archivo de esa comunidad. A partir de ese hallazgo, comenzó el proceso –minucioso a las claras– de reconstrucción de esta historia.
La primera parte de la obra se divide en seis capítulos que abarcan el período desde la fundación hasta la desaparición del convento y la absorción de las monjas que aún quedaban en otro. En ella, se nos ofrece un recorrido por la historia del convento y de sus monjas, donde se observa con claridad el devenir de dicha comunidad en un incansable esfuerzo por implementar –desde sus inicios– la observancia. Ese rol lo asumirá sor Inés del Espíritu Santo, en el siglo Sisternes de Oblites, figura de noble abolengo de la cual se han escrito algunas semblanzas. Ella, con una clara vocación fundacional y acompañada de su hermana Ángela, sor Juliana Ximeno y Dolz, sor Luisa Aguilera y doña Ana Bou –ilustre benefactora–, junto a dos beatas, partieron desde el convento de Santa María Magdalena de Valencia para emprender tal empresa.
Aunque sor Inés del Espíritu Santo adquiere en este relato el papel de fundadora –lo que se le manifestó a partir de algunas revelaciones–, a su iniciativa se vincularon su confesor fray Francisco Faxardo, algunos frailes y la vital intercesión del P. Juan Gil Trullenc Amella. Se observa la tarea fundacional como un entramado de apoyos familiares, religiosos y de miembros de las oligarquías locales.
A lo largo del escrito se aborda el rol de los confesores, las prioras, los benefactores, la relación con la diócesis, los poderes civiles y las autoridades de la Orden Dominicana. En cuanto a la narración de las visitas canónicas del maestro general, se puede leer en ellas los rasgos paternales del maestro en su relación con la comunidad de Vila-Real, esos relatos adquieren por momentos un tono intimista.
En este mundo femenino que es el convento, no faltan los temas económicos vinculados con el manejo de los bienes, deudas y procesos judiciales que involucran a las hermanas en disputas “mundanas”, ello demuestra el poder que estas mujeres tuvieron como propietarias y la capacidad de decidir por sí mismas en la compra de objetos religiosos o en gastos de remodelación del claustro o la iglesia. También se tratan las celebraciones festivas de la comunidad, como la que se realizó en torno a la elección de San José como santo patrono o en la conmemoración del centenario del convento.
Estos y otros acontecimientos quedan retratados por una hermana (cronista) cuyo oficio es el de conservar la memoria conventual, desplegada la misma en los denominados libros de crónicas, en las relaciones históricas de un cierto período o en las necrologías, que serían muy útiles a la hora de actuar como un modelo de santidad. Estas memorias serán requeridas y utilizadas por el Maestro de la Orden. El autor rescata también algunos rasgos biográficos de las propias cronistas de la comunidad, así como sus esfuerzos por preservar la memoria colectiva comunitaria.
En este recorrido cronológico, Emilio Callado Estela señala algunos hechos que irrumpen en la vida de todos los ciudadanos e impactan en la observancia religiosa de las monjas, quienes tendrán que abandonar más de una vez su clausura. Esto provoca conflictos en una comunidad que siente el despojo y que se ve interpelada por la política del momento.
Tres acontecimientos se remarcan como disruptivos en la vivencia de la clausura religiosa: la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, la invasión napoleónica y –más adelante en el tiempo– la Guerra Civil. Estos hechos afectan la vida interna del convento, obligando a las monjas a salir de él y entrar en otros, o en casas de familia. Estas interrupciones de la clausura plantean también el modo de restaurar –después de cada salida– la observancia: en 1952 fue necesariala integración de cuatro monjas ejemplares llegadas de otro convento para lograr ese objetivo. Para esta época, el deterioro del edificio era tal que fue declarado en ruinas y a las hermanas se les ofreció permutarlo por el Antiguo Hospital, al que se trasladaron.
Dos hechos significativos cierran esta primera parte de la obra: la invitación del provincial de Aragón a formar parte de la federación de establecimientos dominicanos femeninos y la integración de las últimas religiosas de Corpus Christi en el convento de Santa Catalina de Siena de Valencia.
La segunda parte del libro –como se dijo anteriormente– consiste en un apéndice con tres fuentes: la primera, denominada Origen y sucesso deste convento de religiosas de nuestro Padre Santo Domingo de Corpus Christi de Villa-Real, aborda el momento fundacional con sus protagonistas, el registro de los distintos prioratos y otros sucesos destacados de la vida de la comunidad. Entre estos relatos encontramos algunos versos compuestos en su mayoría por las monjas, que constituyen otra forma de dejar plasmado algún acontecimiento particular, como ser el aniversario de consagración de algunas de ellas o el centenario de la confirmación de la Orden. La segunda fuente es un Catálogo de religiosas del convento de Corpus Christi de Vila-Real entre 1639 y 1865, y la tercera, un Catálogo de religiosas del convento de Corpus Christi de Vila-Real entre 1867 y 1944. Completan este acervo documental dos índices: uno onomástico de religiosas dominicas y otro onomástico y toponímico general.
Esta es una obra que aporta a los estudios sobre monasterios femeninos, buscando captar la identidad de un monasterio reformado a lo largo de toda su existencia. Las fuentes –analizadas exhaustivamente– constituyen la clave para introducirnos en el espacio conventual, pero también en la relación de las monjas con otros espacios que exceden la clausura. La escritura está marcada por el detalle, que se refleja tanto en el cuerpo del texto como en la profusa cantidad de citas a pie de página. En algunos momentos, esos detalles nos acercan a escenas que logran un ambiente de intimidad. En el trayecto histórico de este convento, se palpa el proceso de implementación de la observancia, y los derroteros que atraviesa la misma en medio de las circunstancias políticas.
En resumen, estamos ante una obra minuciosa que, además de proporcionar claves de interpretación para otras similares, nos ayuda a conocer y entender la vida del convento en relación con las circunstancias que lo rodean. Ya desde el título el autor nos muestra que, pese a los avatares de la política, de las guerras, los saqueos y el despojo, los problemas judiciales o económicos, la merma de vocaciones o la enfermedad, las monjas –en su búsqueda por implementar y mantener la observancia– ya viven en el claustro, tal como ellas lo expresan, el “Cielo en la Tierra”.