El historiador tarraconense Alejandro López ofrece en El convento de Santa Catalina, virgen y mártir, de Barcelona, en el siglo XVIII un exhaustivo estudio de la historia de esta comunidad religiosa, que surge como resultado de años de investigación en torno a inquietudes relacionadas con la importancia del cenobio dentro de su contexto histórico espacial (la ciudad de Barcelona) en un periodo acotado (el siglo XVIII). Para llevar a cabo su investigación, López se basó en el Lumen Domus, manuscrito inédito de tres volúmenes existente en la Universidad de Barcelona, que habla de la historia del convento cateriniano desde su fundación hasta principios del siglo XIX. En este sentido, el rol del autor en el rescate de la obra mencionada es fundamental ya que este se sirvió de su propia transcripción del tercer volumen del Lumen Domus, sobre el que se sostiene gran parte de la presente publicación. La complejidad del manuscrito, sostenida en la diversidad de cronistas que tiñen con su pluma sus páginas, además de la multiplicidad de temas que aborda y que dan luz al material de estudio y a las conclusiones del autor, hacen del documento una fuente bastante rica para generar una aproximación a la Orden de los Predicadores en el Setecientos a través de este convento en particular.
Respetando las declamaciones, silencios y omisiones de su columna vertebral, el Lumen Domus, El convento de Santa Catalina, virgen y mártir, de Barcelona, en el siglo XVIII, es el resultado de un trabajo analítico e interpretativo que, tomando dicho cenobio como su piedra angular, ilustra no solo una parte de la historia de los dominicos en Barcelona y en España sino también, por medio de ella, la historia de una Europa católica en la que el clero regular y la práctica religiosa empapaban la vida cotidiana y las relaciones sociales. Iniciando con el esbozo de las líneas generales de cada punto del estudio, el autor va concretando por medio de hitos, casos concretos y algunas anécdotas que dan cuenta de una historia experimentada por seres humanos con sus respectivos logros y problemas.
El estudio realizado por Alejandro López Ribao recuerda el estilo de investigaciones como las de Alfonso Esponera Cerdán (1998Esponera Cerdán, Alfonso. 1998. Las dominicas de Albarracín. Albarracín: A. Esponera.) y William Plata Quezada (2019Plata Quezada, William. 2019. Vida y muerte de un convento. Religiosos y sociedad en la Nueva Granada. Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander.), donde los autores tejen la vida de las respectivas comunidades dominicas que nos ilustran no solo su quehacer cotidiano sino, de modo más profundo, los vínculos sociales propios de los contextos espaciales en que se insertan. De este modo, la presente publicación responde a este modelo de biografía social o comunitaria (por su calidad cronológica y temática), donde la estructura conventual se constituye como el cordón que une las experiencias particulares de los frailes y del convento en relación con los cambios experimentados por la sociedad barcelonesa en el siglo XVIII.
La introducción enarbola el objeto de estudio ya mencionado: examinar la historia del convento de santa Catalina, virgen y mártir, de Barcelona, uno de los más importantes de la ciudad desde su fundación a inicios del siglo XIII hasta la desamortización de 1836, con el fin de ilustrar el rol que este tuvo tanto en su contexto geográfico como religioso. Para afirmar las razones que lo llevaron a la investigación del complejo, el autor es bastante claro al mencionar en primer lugar la monumentalidad del mismo convento (punto que será ampliamente abordado) que se sostiene, en parte (y este es el segundo punto), debido a la magnífica biblioteca que se albergaba entre sus paredes. Un tercer punto que esboza López es la relación que poseyó el cenobio con renombrados dominicos de la época, protagonistas de importantes eventos dentro de la ciudad. Por último, la fascinación que suscita el tema para el autor, miembro actualmente de la misma orden, se deja entrever en las líneas de su propia narrativa.
El primer capítulo, titulado «La Orden de Predicadores en la provincia de Aragón durante el siglo XVIII» describe y analiza el contexto de la provincia de Aragón desde sus inicios hasta aproximadamente 1700 con el fin de ilustrar el panorama en que se encuentra inserto el convento y poder dimensionar así su importancia y su rol dentro de la orden. Tomando en cuenta lo anterior, el autor sitúa al convento en este apartado espacial y temporal, al convento, enfatizando su importancia como institución dedicada al estudio (para la formación de clero), las misiones, la creación de nuevos conventos en el territorio y la promoción de los santos de la Orden.
El capítulo II de la obra, titulado «El convento de Santa Catalina y sus frailes», desarrolla la historia del complejo a partir de algunos puntos centrales: el convento desde un punto de vista material —desde su patrimonio y su economía—, la comunidad de predicadores, la sociedad conventual propiamente dicha y los priores que la gobernaron.
Tras la exposición y estudio de los capítulos precedentes, enfocados en un análisis más bien cuantitativo del cenobio, el autor procede a desarrollar tres capítulos que abarcan cuestiones cualitativas del mismo. En este sentido, el primero de ellos, es decir, el capítulo III, «Los elementos de la vida religiosa», aborda aspectos religiosos dentro de la casa de frailes. El primer aspecto está centrado en el calendario litúrgico vivido por los monjes de Santa Catalina. Otro tema central de la religiosidad del convento, que examina el historiador, es el rol que jugó la predicación en Barcelona y Cataluña. Un tercer elemento del presente apartado, lo constituyeron las cofradías conventuales y las asociaciones seglares. Un cuarto ámbito de la vida religiosa del complejo lo constituyeron las visitas canónicas del maestro de la orden y del prior provincial. Tras un recorrido por puntos importantes de la vida religiosa del convento, el autor dedica las últimas páginas del capítulo a presentar cómo en medio de un ambiente de marcado cariz espiritual, regularidad y monotonía, también existieron momentos de trasgresiones de la comunidad, trasgresiones a las normas que afectaron la vida comunitaria.
El cuarto capítulo de la obra, titulado «Contribución intelectual de la Orden de Predicadores a la Cataluña del siglo XVIII», analiza, siempre a la luz del Lumen Domus, la vida académica, la relación con la Universidad de Cervera, la participación en la Real Academia de Bones Lletres de Barcelona, la vinculación con instituciones académicas de Roma y la producción editorial de los miembros del convento.
El último capítulo de la obra, titulado «Un mundo conventual en relación: política, sociedad y vida religiosa en la Barcelona del siglo XVIII», aborda finalmente el rol del convento inserto en la sociedad local y regnícola. Se ilustra, de este modo, un mundo social ligado a la religión que amplía la perspectiva de análisis del convento. Dicha perspectiva se ve expandida al abordar, en primer lugar, la vinculación de los frailes a la política. El Lumen Domus destaca como el episodio más importante al respecto, la Guerra de Sucesión vivida a principios de siglo. Otro aspecto alude a la sociabilidad del convento por medio de su relación con la curia de la Orden de los Predicadores, que es posible apreciar en el intercambio epistolar entre Roma y los caterinianos. Un elemento fundamental del capítulo lo ocupa el tema de la apertura del convento a la ciudad por medio de la visita, la asistencia y las exequias de fieles. La amplia red de relaciones sociales que se desarrollaron con los poderes civiles y la ciudadanía presenta un espacio abierto a la comunidad que frecuenta el convento, mostrando adhesión a su causa y valoración de su existencia. A la vez que poseyó un rol central entre los laicos y la comunidad urbana de frailes que lo albergaba, el convento se constituyó, como dice Alejandro López, como un «convento entre conventos», donde sus relaciones con los franciscanos y jesuitas asumieron un protagonismo durante el periodo.
El último apartado de la obra supera las pretensiones territoriales que habían sido abordadas hasta el momento, incorporando en la narración el rol que ocuparon los hijos del cenobio en las misiones que fueron enviadas tanto a Asia como a América.
Con el capítulo anterior se da cierre a la obra del historiador tarraconense, concluyendo con un apartado dedicado a enunciar no solo los grandes temas presentados en la misma sino, sobre todo, los grandes campos de estudios que dan pie a nuevas posibilidades de trabajo sobre el cenobio. De este modo, se esbozan y reúnen numerosas interrogantes que el propio autor fue incorporando a lo largo de la narración dejando entrever que la historia del convento, desarrollada por el mismo, lejos de estar abordada a cabalidad, suscita nuevas dudas, inquietudes y proyecciones que permitirán seguir acrecentando el conocimiento y la magnitud de un complejo eclesiástico que fue fundamental, no solo para la Orden de los Predicadores, sino también para la cristiandad hispánica.
Considero que la obra se constituye como un interesante análisis que logra varios fines. En primer lugar, es un estudio modelo en cuanto a su metodología. En este sentido, Alejandro López Ribao presenta una investigación bien documentada que, incluyendo criteriosamente el uso de anécdotas particulares y datos cuantitativos, permite establecer conclusiones con proyección dentro del contexto histórico religioso de la Orden. La continua referencia a la fuente recuerda constantemente la seria labor del historiador a la hora de emitir juicios o reflexiones sobre lo relatado. Por su parte, el propósito de esbozar narrativamente un tema de carácter biográfico (como es la biografía del cenobio) sin ceñirse exclusivamente a su lógica cronológica, es alcanzado exitosamente en esta obra en que espacio (tanto geográfico como temático) y tiempo dialogan coherentemente para conseguir ilustrar el resultado del estudio.
En segundo lugar, su lectura merece la pena no solo por articularse como un estudio modelo para las narraciones históricas de este tipo sino también por su modo de relatar los acontecimientos que lo vuelven atractivo tanto para los estudiosos de la Orden de los Predicadores como para quienes estuviesen interesados en acercarse al carácter religioso del mundo hispánico del siglo XVIII. El carácter vívido que presenta la obra nos permite comprender el mundo espiritual católico como un mundo complejo, con sus puntos de encuentro y con espacios de sombras, con personalidades destacadas y otros sujetos que han pasado desapercibidos, con metas muchas veces ordinarias y otras que se alzaron para alabar a Dios en un gran proyecto que, pese a la magnitud, no logró superar las crueles armas del presente que lo han dejado actualmente sepultado bajo el cemento barcelonés.