Es de sobra conocido el interés de Amelina Correa Ramón, catedrática de Literatura Española en la Universidad de Granada, por dar visibilidad a las mujeres que desarrollaron una labor literaria, especialmente en el ámbito granadino, y cuyas obras y, por ende, sus figuras, quedaron eclipsadas en virtud del mayor interés que ha despertado a lo largo de los siglos la producción intelectual masculina. En este sentido, en el año 2002 vio la luz su libro Plumas femeninas en la literatura de Granada (ss. VIII-XX). Diccionario-Antología, publicado por la Universidad de Granada. Obra que, veinte años después, ha servido de base para la elaboración del libro que nos ocupa: «Las venas de los lirios». De místicas, visionarias y santas vivas en la literatura de Granada (ss. XVI-XX), volumen publicado por la editorial Spanish, Portuguese and Latin American Studies in the Humanities (SPLASH) y que se enmarca en el Proyecto Catálogo de santas vivas (1400-1550): Hacia un corpus completo de un modelo hagiográfico femenino (PID2019-104237GB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España.
En esta ocasión, Correa Ramón, con una fecunda producción bibliográfica a sus espaldas, ha optado por centrarse en un tema concreto: la espiritualidad femenina en la Granada católica. De modo que nos presenta a treinta religiosas de diversas órdenes y congregaciones vinculadas con el territorio granadino en una horquilla temporal que va desde el siglo XVI hasta el XX. La catedrática granadina actualiza y amplía la información de aquellas que ya fueron tratadas en Plumas femeninas y agrega nuevas escritoras cautivadoras, entre las que se encuentran, por ejemplo, Juana Úrsula Velázquez (1613-1683), María Emilia Riquelme y Zayas-Fernández de Córdoba (1847-1940) y Mercedes Carreras Hitos (1879-1949).
El libro se estructura en dos partes complementarias: en primer lugar, encontramos un amplio estudio introductorio titulado «Escondidas con Cristo en Dios». Cinco siglos de literatura espiritual en Granada con voz de mujer, al cual le sigue un cuidado diccionario-antología que alberga las semblanzas bio-bibliográficas de las treinta religiosas junto con una selección de sus textos más sugerentes.
Correa Ramón nos brinda en el estudio introductorio un exquisito retrato de la mística femenina y la literatura florecida en el ámbito conventual granadino, apoyándose para ello en una nutrida bibliografía que incluye las publicaciones más recientes sobre la materia. La autora entreteje con maestría los múltiples elementos que conforman la realidad mística como si de las hebras de las vestiduras de estas religiosas se tratase. El primer punto fuerte del libro radica en la gran perspectiva que ofrecen los cinco siglos en los que se distribuyen las féminas estudiadas, permitiéndonos asomarnos a la evolución de la expresión literaria del misticismo femenino durante un importante lapso temporal. La autora comprueba la existencia de una serie de constantes a lo largo de la historia entre aquellas mujeres que vivieron la espiritualidad con una especial intensidad, considerándolas herederas de una «genealogía mística femenina» (p. 47). Uno de estos rasgos compartidos es la fuerte mortificación a la que se sometieron muchas de ellas mediante ayunos prolongados y el uso de todo tipo de instrumentos penitenciales. Otra característica común es la presencia del elemento sobrenatural, percibido, como se explica en el libro, con absoluta naturalidad por parte de estas mujeres. Este tipo de experiencias extraordinarias (éxtasis, visiones, locuciones, estigmatizaciones…) tienen un peso indiscutible en las vidas de muchas de las autoras granadinas. Destacan especialmente, en este sentido, la clarisa sor Beatriz María de Jesús (1632-1702), cuya trayectoria vital es una acumulación incesante de episodios extraordinarios, y la carmelita descalza sor Gabriela Gertrudis de San José (1628-1701). Pero, como advertimos a lo largo de las páginas, esta particularidad no se observa solamente en las escritoras de época moderna que, cuando menos, contaban con el respaldo de una sociedad plenamente sacralizada, sino también en algunas religiosas reputadas de los siglos XIX y XX, como, por ejemplo, Mercedes Carreras Hitos (1879-1949), fundadora de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, y María Emilia Riquelme y Zayas, fundadora de la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, beatificada en noviembre de 2019. Así, el estudio traza un recorrido emocionante por el imaginario sobrenatural asociado al misticismo femenino. Resulta especialmente acertado que el texto ponga de relieve la profunda participación del cuerpo y de los sentidos de las féminas durante la experiencia religiosa; así como la poderosa inclinación que las místicas sintieron hacia la figura de Jesucristo, del que, no en vano, se consideraban sus esposas místicas. A propósito, la catedrática granadina nos ofrece toda una serie de explicaciones simbólicas y episodios asombrosos relacionados con la eucaristía, las llagas, el niño Dios, la Pasión… Sin faltar, por supuesto, las más variopintas apariciones de la Virgen, los ángeles, los santos y las santas, las ánimas purgantes, incluso el asalto de violentas criaturas infernales.
Qué decir tiene que estos dones y fenómenos extraordinarios jugaron un papel esencial en la producción literaria de estas mujeres. Ya fuera por obligación o por decisión propia, sirviéndose de la poesía o de la prosa, trasladaron al papel unas experiencias que transformaron su mundo interior, otorgándoles, en muchos casos, el valor necesario para oponerse a la autoridad paterna y eclesiástica, así como para emprender proyectos personales (fundaciones, etc.). Mientras algunos vieron en estas féminas una amenaza, especialmente la jerarquía eclesiástica, otros, sobre todo el pueblo, interpretaron los prodigios como signos de perfección espiritual y empezaron a profesarles devoción. En este sentido, Correa Ramón nos introduce en el apasionante mundo de las «santas vivas», término acuñado por Gabriella Zarri en Le sante vive: profezie di corte e devozione femminile tra ‘400 e ‘500 (1990). El estudio introductorio analiza tanto las consecuencias positivas como negativas que conllevaba tan arriesgada consideración y fama, pues si bien les podía otorgar suficiente poder para desafiar a la autoridad eclesiástica masculina, también las condenaba inevitablemente a la indagación, el examen y, en el peor de los casos, el castigo. Dicho estudio se encuadra en la línea de las nuevas investigaciones sobre la espiritualidad femenina moderna y contemporánea, de manera que se rechazan ideas estereotipadas y obsoletas reproducidas regularmente por la historiografía más clásica. Por ejemplo, se evidencia que la entrada en el convento de clausura no implicaba necesariamente el olvido del mundo exterior. Antes bien, estas religiosas singulares jugaron un papel nada desdeñable en la sociedad de la época gracias a sus dones de videncia, profecía y taumaturgia. Correa Ramón incide en la relación que las místicas mantuvieron con sus confesores, quienes, en definitiva, debían guiarlas para evitar que la experiencia espiritual rebasara los márgenes de la ortodoxia. Una relación que, sin lugar a dudas, fue determinante para la producción literaria de muchas de ellas. La autora nos familiariza así con el género de la autobiografía por mandato, especialmente abundante en la modernidad. Gran parte de estas mujeres tomaron la pluma obedeciendo la orden de sus confesores de poner por escrito sus vivencias desde su más tierna infancia para, en última instancia, discernir la naturaleza de las gracias sobrenaturales manifestadas. Otros temas abordados son la implacable censura masculina a la que fueron sometidos sus escritos, las estrategias a las que tuvieron que recurrir para esquivar las críticas, el importante peso que jugaron los modelos de santidad femenina en sus conductas, así como el frecuente empleo de sus autobiografías y demás escritos personales, una vez fallecidas, para componer imponentes obras de corte hagiográfico con miras a incoar procesos de beatificación y canonización. A propósito, resultan dignos de mención los casos de dos religiosas tratadas ampliamente a lo largo del estudio: la clarisa sor Beatriz María de Jesús y la carmelita calzada sor Juana Úrsula de San José. La primera fue autora de una autobiografía por mandato de la que desconocemos su paradero actual, pero sabemos que su biógrafo la utilizó para componer a principios del siglo XVIII la Vida prodigiosa de la clarisa. Por su parte, la carmelita calzada también cuenta con una grandilocuente biografía, pero, a diferencia del caso anterior, sí se conservan sus cuadernos en el monasterio granadino de la Encarnación. Una de las grandes aportaciones del libro consiste en dar a conocer tanto la figura como la obra literaria inédita de Juana Úrsula, informándonos la catedrática de que actualmente dirige un trabajo de investigación sobre el particular.
Como ya se ha apuntado, la segunda parte del volumen es un breve diccionario-antología titulado Lirios de santidad granadinos que recoge las semblanzas de las religiosas. Se trata de un catálogo valioso por sí solo que resulta de gran utilidad para ampliar la información biográfica y literaria de las escritoras que aparecen en el estudio introductorio. Este ramillete de «lirios» está ordenado de forma alfabética según el primer apellido que las autoras usaron en el siglo, facilitándose, seguidamente, el piadoso nombre que escogieron al entrar en la vida consagrada. Cada entrada del diccionario consta de cinco apartados: en primer lugar, una relación de los géneros literarios cultivados por la religiosa en cuestión (autobiografía, poesía, hagiografía, epistolar, diario, crónica, tratado doctrinal…), a ello le sigue una breve biografía, un listado de referencias bibliográficas sobre la escritora y, por último, una cuidada selección de sus textos. Correa Ramón sintetiza con brillantez los hechos más notables de la trayectoria vital, espiritual y literaria de cada religiosa; e incide, siempre que las fuentes se lo permiten, en temas claves para comprender la forja de la personalidad de las autoras, como, por ejemplo, la influencia que ejercieron los progenitores en términos culturales y espirituales. La catedrática ha detectado que muchas de ellas pertenecieron a la nobleza y tuvieron la suerte de recibir una correcta formación cultural. En este sentido, destacan Catalina de Mendoza (1542-1602), hija del marqués de Mondéjar y Ana Verdugo de Castilla (1696-1771), hija del conde de Torrepalma. Huelga señalar el delicioso privilegio que supone poder acercarnos a las creaciones literarias de estas féminas gracias a la incorporación de diversos fragmentos de sus escritos, algunos de ellos inéditos. Punto que, indudablemente, eleva la calidad y el interés de la obra.
En resumen, el libro Las venas de los lirios… cumple con éxito el loable cometido de recuperar las figuras y las obras de mujeres ignoradas debido al exacerbado protagonismo cultural masculino. Igual que hizo en el año 2002 con Plumas femeninas, la catedrática granadina vuelve a rescatar del olvido, visibilizar y poner en valor a diferentes escritoras ligadas a la geografía granadina; en esta ocasión, las elegidas son un grupo de religiosas que empuñó la pluma para plasmar su mundo y vivencias particulares. La correcta comprensión de los escritos de estas féminas exige acercarnos primero a su compleja realidad espiritual dominada por la práctica mística y la ascesis extrema, tarea de la que se ocupa con brillantez el estudio introductorio. Correa Ramón nos invita a descubrir con la calidad científica y la sensibilidad que siempre caracterizan a sus trabajos la apasionante atmósfera cargada de sentimiento que envolvió las vidas de estas escritoras. En definitiva, nos encontramos ante un libro muy bien documentado, fruto de una ardua tarea de investigación en archivos y bibliotecas, escrito con gran claridad y minuciosidad, que, sin duda, se revela imprescindible para cualquier persona interesada en los estudios humanísticos, especialmente para aquellos investigadores especializados en el campo de la historia social y cultural de la Iglesia, los estudios de género y, por supuesto, la literatura conventual femenina.