Hispania Sacra 76 (154)
ISSN-L: 0018-215X, eISSN: 1988-4265
https://doi.org/10.3989/hs.2024.1247

Reseña de / Review of: Agudín Menéndez, José Luis: El Siglo Futuro. Un diario carlista en tiempos republicanos (1931-1936), Prensas de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2023, 546 págs. ISBN: 978-84-1340-566-7.

 

Pocas etapas de nuestra historia contemporánea han sido tan analizadas e investigadas como los cinco años de experiencia republicana durante la década de los treinta del siglo XX. Tanto que, tal vez, podríamos considerar que es un periodo agotado historiográficamente, del que pocas novedades se podrían esperar ya. Y, sin embargo, la Segunda República continúa ofreciendo ámbitos poco explorados, que siguen enriqueciendo el conocimiento de unos años intensos como pocos. Nuevos enfoques como los que nos presenta el libro que comentamos, que se acerca, desde el estudio de la prensa, a ese gran protagonista de nuestra historia contemporánea, con sus crisis, divisiones, reunificaciones y fracaso final tras su aparente triunfo en la Guerra Civil, que es el carlismo. Una obra que disecciona el papel desempeñado por un periódico, El Siglo Futuro, cuyo protagonismo e influencia en la España de su tiempo dista mucho de ser marginal.

El autor, José Luis Agudín Menéndez, es doctor en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo, donde obtuvo Premio Extraordinario por su tesis El Siglo Futuro (1914-1936): órgano del integrismo y de la comunión tradicionalista, defendida el año 2021. En ella no se circunscribió al mero ámbito temporal que indica el título, sino que ofreció una visión global del mismo, desde el momento de su fundación, a partir de 1875. Un trabajo basado en una amplia y diversificada consulta de fuentes archivísticas, hemerográficas y bibliográficas. Actualmente sus líneas de investigación se centran en el campo de las culturas políticas tradicionalistas, así como en el de la historia de la prensa carlista durante la Restauración y la Segunda República.

Es con esta sólida base de una brillante tesis doctoral con la que nuestro autor se acerca al estudio del periódico en sus últimos años, coincidentes con el resurgimiento del carlismo, en el marco de los años republicanos, con el que colaboró activamente. Un periódico que, durante más de medio siglo, había participado no solo en los debates internos que desgarraron y enfrentaron a las diversas corrientes carlistas, sino que se convirtió en el debelador de todas las herejías que veía —o creía descubrir— en un catolicismo español que desde comienzos del siglo XX daba muestras de una mayor diversidad de la que gustaría a los sectores más inmovilistas y tradicionales del mismo. La polémica generada en 1919 por Manuel Senante, director del diario, en torno al Grupo de la Democracia Cristiana, con un extenso y pormenorizado informe de Senante a la Santa Sede, en la que acusaba a dicho grupo de desviaciones doctrinales, alcanzando la denuncia al propio cardenal primado de Toledo, Victoriano Guisasola, es solo una muestra de hasta dónde estaban dispuestos a llegar en su defensa de un catolicismo monolítico, íntegro, enfrentado a todas las veleidades y heterodoxias liberales que creían amenazaban la pureza de la fe española.

El Siglo Futuro se presentó como el verdadero —y único— defensor de la fe en España, y no dudó en enfrentarse, en el cumplimiento de esta misión, ni a otros periódicos católicos, ni a los seglares más destacados en el naciente Movimiento Católico, ni a los propios obispos; ni siquiera dudó en «interpretar» a su manera las directrices que provenían de Roma. Cual Quijote, soñando con la restauración de una España que posiblemente nunca había existido más que en sus evocaciones románticas, se arrojaba lanza en ristre contra los gigantes de la modernidad, de un liberalismo que, ante todo y sobre todo, «era pecado».

Agudín, desde el análisis de la última etapa del periódico, nos ofrece una visión de la amalgama contrarrevolucionaria nacida de la proclamación de la Segunda República. El carlismo, dividido desde la escisión integrista de 1888, renació al convertirse en el núcleo cohesivo de quienes veían en el nuevo régimen una verdadera amenaza para la España tradicional. La proclamación de la República, el 14 de abril, fue la ocasión para que ese viejo carlismo, cada vez más marginal con la progresiva consolidación del régimen de la Restauración, resurgiera cual Ave Fénix, transformándose de nuevo en alternativa. La caída de Alfonso XIII, a pesar de la repugnancia carlista hacia la rama liberal, era el preludio de la revolución, miedo que se hizo realidad con la quema de iglesias y conventos en mayo. La lucha contra el anticlericalismo republicano, así como la defensa de la Iglesia, aparecían ahora como las nuevas banderas que podía hacer ondear el carlismo. Además, la muerte del pretendiente don Jaime permitió que, tras la designación de su tío Alfonso Carlos de Borbón, tanto mellistas como integristas regresaran, reorganizando la Comunión Tradicionalista. El nuevo pretendiente, con su talante intransigente, daba seguridad a aquellos hijos pródigos que volvían a la casa del padre común.

Este nuevo contexto se manifestó en El Siglo Futuro, que introdujo, incluso, en su subtítulo la definición de «diario católico tradicionalista», dando lugar a lo que el autor considera que fue el segundo gran momento de esplendor del diario. Lo cual dio lugar, paradójicamente, a una modernización del mismo, conceptualizada por Agudín como «modernidad reaccionaria» o «modernidad defensiva».

Este momento de esplendor, hasta su desaparición en los primeros momentos de la Guerra Civil, es el que se despliega en las numerosas páginas del libro, acercándonos con gran precisión a su evolución. Un acercamiento que se estructura a lo largo de dos grandes partes, que tal vez adolecen de unos títulos excesivamente largos: la I Parte, La República de los Tradicionalistas: El Siglo Futuro en la Vanguardia de la reconstrucción del movimiento carlista. Un ensayo de “modernización defensiva” durante las jefaturas de Villores y Rodezno (1931-1933); en ella se desarrollan los seis primeros capítulos, que ofrecen una panorámica del proceso reconstructor, en el marco de reacción a las políticas anticlericales del bienio azañista. Una etapa en la que el diario fue una auténtica correa de transmisión de la cultura política carlista, con el hito de la fundación y promoción de la Editorial Tradicionalista, no exenta de conflictos, como el producido con el llamado «cisma cruzadista», que llevó a una serie de desencuentros entre El Siglo Futuro y el periódico portavoz de la ortodoxia jaimista, El Cruzado Español. Uno de los problemas que también hubo de afrontar fueron los derivados de la censura, que condujeron a que fuera suspendido durante un largo periodo en dos ocasiones, así como varias más de corto recorrido; fueron hasta treinta las denuncias por parte del fiscal de la República. Lo cual llevó, paradójica pero inteligentemente, a reivindicar la libertad de prensa. Esta primera parte concluye con la participación del diario en la propaganda realizada con motivo de las elecciones de 1933.

La II Parte, que lleva por título Puesta la fe en Dios y mirando a la Patria: auge y muerte de un diario tradicionalista durante el liderazgo de Fal Conde (1934-1936), nos aproxima a los últimos momentos del veterano periódico, coincidiendo con el nombramiento del abogado Manuel Fal Conde como secretario general de la Comunión Tradicionalista, el 3 de mayo de 1934. Uno de los objetivos del nuevo secretario era el de la mejora de todas las publicaciones, dotándolas de medios modernos de impresión y propaganda, capacitándolas con una fuerte agencia informativa y ampliando el número de lectores. Esto le llevó a implicarse en la transformación definitiva de El Siglo Futuro, buscando convertirlo en un periódico de empresa, dispuesto a atraer un gran número de lectores no solo con su ideología, sino con contenidos deportivos, buenos y morales espectáculos teatrales y cinematográficos, secciones femenina e infantil. Un proceso no exento de contradicciones y continuas rectificaciones. Es interesante descubrir la concomitancia de intereses entre Fal Conde y el periódico, puesto de manifiesto en el empeño del diario de convertir a Conde en protagonista central del carlismo. El periódico se lanzó a criticar la inestabilidad política del bienio radical-cedista, siendo en ocasiones más fuertes las invectivas lanzadas contra la CEDA que contra Lerroux.

Llegados a 1936, el periódico se implicó de lleno en la propaganda política previa a las elecciones de febrero. Tras la victoria del Frente Popular, los últimos meses de vida del diario se verían salpicados por problemas con la censura, que impedían dar cuenta de los numerosos conflictos sociales que lastraron la vida del país hasta el golpe de julio. Producido este, tras su fracaso en Madrid, en la ola revolucionaria que recorrió la capital a consecuencia de ello, las oficinas e instalaciones del periódico fueron incautadas. La sede de El Siglo Futuro pasó a la CNT. Finalizada la Guerra Civil, a pesar de las peticiones de Manuel Senante a Serrano Suñer, demandando la reaparición del periódico, este hizo caso omiso y el viejo y luchador diario no volvería a publicarse.

Nos encontramos, pues, ante una obra clave para entender la evolución del carlismo en sus últimos momentos de esplendor. Una aportación no solo muy enriquecedora para la historia de la prensa y del periodismo en España, sino también para la correcta comprensión de la cultura política carlista y de la compleja situación social, cultural y religiosa de los años treinta en España. La historia del catolicismo español, con su conflictiva relación con la modernidad, es inseparable de las tensiones, influjo y resistencias surgidas desde el seno del carlismo y del integrismo. Fueron estas resistencias, con denuncias como las ya señaladas, con campañas contra figuras que ofrecían otras visiones eclesiales, más abiertas a los aires que ya, desde fines del XIX, corrían por Europa, las que retrasaron el necesario aggiornamento de la Iglesia española, explicando muchas de las crisis y tensiones que, ya años más tarde, brotarían tras la celebración del Concilio Vaticano II, y que, en modos nuevos, brotan de vez en cuando, siguiendo la estela que José Luis Agudín nos ofrece en su magnífico estudio, mostrando que esa «modernidad defensiva» no murió cuando pararon las rotativas de El Siglo Futuro. Porque, una vez más, el pasado vuelve a reaparecer, de formas nuevas, en nuestro presente.