Escribir sobre Santa María la Real de Las Huelgas de Burgos puede parecer innecesario, teniendo en cuenta el alto número de publicaciones científicas dedicadas a esta abadía cisterciense femenina. 1 Abreviaturas utilizadas: AHP = Archivo Histórico Provincial; AMG = Archivo del Monasterio de Santa María de Gradefes (León); AMHB = Archivo del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas de Burgos; ARGN = Archivo Real y General de Navarra; Avranches BM = Avranches, Bibliothèque municipale Edouard Le Héricher; BL = British Library; BM = Bibliothèque municipale; BNE = Biblioteca Nacional de España; BnF = Bibliothèque nationale de France; BNP: Biblioteca Nacional de Portugal; BPE = Biblioteca Pública del Estado; En. = Enarrationes; KBR = Koninklijke Bibliotheek / Bibliothèque royale (Bruselas), Inv. = Inventario; Las Huelgas de Burgos = Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas (Burgos); lat. = latin (Ancien fonds latin, BnF); leg. = legajo; lib. = liber, libri; MAN = Museo Arqueológico Nacional (Madrid); MH = Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas (biblioteca); M. ms., Ms., ms, MS, MSS, Mss = Manuscrito, manuscritos (según signatura y norma de descripción en el correspondiente centro de conservación); NAL = nouvelles acquisitions latines, BnF; perg. = pergamino; Ps = Psalmus, Psalmi. Cabría suponer, por ello, que se sabe todo cuanto concierne a sus más de ochocientos años de vida y a su patrimonio. Sin embargo, sé que ningún especialista riguroso en historia, arte o liturgia suscribiría tal afirmación y advertiría, por el contrario, que aún caben nuevas palabras porque son muchas las cuestiones pendientes de resolución relativas a sus tiempos, hechos, espacios y actores. En lo que toca a la cultura escrita, a los monumentos gráficos relacionados de algún modo con el monasterio -como centro de origen, primer destino, uso o conservación- predominan las incógnitas sobre las seguridades. Este desconocimiento afecta, de manera especial, a los libros medievales, pues la mayor parte de los que hoy guarda el cenobio, catalogados en 1999,2 López Vidriero et al. 1999. Continúa siendo un instrumento imprescindible para un primer acercamiento a este fondo. La mayoría de los datos coinciden con los recogidos en las unidades descriptivas de https://realbiblioteca.patrimonionacional.es/ no han sido objeto hasta la fecha de estudios completos de su materialidad y contenido. Entre ellos se encuentra el manuscrito 13, integrante de una pequeña ‘colección de aluvión’ formada por los códices más antiguos, los datados o datables antes del último tercio de la decimotercera centuria. De cuantos forman este heterogéneo conjunto, es el único volumen que ofrece el nombre de un artífice, Martinus scriba, mención que, unida al análisis del ejemplar y a la revisión del fondo documental de la abadía, permite plantear que el libro, Enarrationes in psalmos de san Agustín (En. 119 - En. 150), es de origen burgalés y quizá se confeccionó en el monasterio o en un espacio próximo a él en torno a 1230.
1. Umbral
⌅La investigación sobre la magnitud, los contenidos, el aspecto, la génesis, el uso y las vicisitudes de la biblioteca medieval de Las Huelgas es, en buena medida, una tarea pendiente. No se ha conservado -o no se ha identificado hasta el momento- inventario alguno del periodo, lo que no es excepcional, 3 Son muy pocos los inventarios medievales de cenobios femeninos cistercienses peninsulares y extrapeninsulares, carencia que dificulta mucho el estudio de las bibliotecas de las religiosas. Al respecto, Bondéelle-Souchier 1994; Bell 1995; Falmagne 2002; Baury 2012, 2019; Suárez González 2021; Rêpas y Barreira 2022. y, por ello, las afirmaciones solo pueden sustentarse en el examen exhaustivo, externo e interno, de los códices de probada o probable vinculación al monasterio. Pero ¿cuántos y qué ejemplares supervivientes formaron parte de la colección de Sancta Maria Regalis en el medievo? Delimitar un corpus completo y fiable es un objetivo inalcanzable debido a la fragmentación y dispersión del patrimonio escrito,4 Interesante información al respecto en Zabalza Duque 2009, 146-149. la existencia de libros que se confeccionaron para la casa o se guardaron en ella y hoy se encuentran en otros espacios,5 El modelo de MAN, Inv. 1962/73/3, rico liber capituli compuesto ante 1279, es MH Ms.1 (justificación de esta afirmación en Suárez González 2006, 609-611). En el colofón más explícito del llamado Beato de Las Huelgas (Pierpont Morgan Library, M. 429), fechado en 1220, no aparece mencionada la comunidad cisterciense como destinataria del libro y de su presencia en el monasterio burgalés dejó constancia Enrique Flórez mucho tiempo después de su confección (Flórez 1770, XXXVIII). También se ha vinculado al cenobio el misal BNE Mss/20324 (Janini y Serrano 1969, 198-199), pendiente de un estudio integral que permita corroborar o descartar esta atribución. Hasta 2008 se creyó procedente de la abadía otro liber capituli finalizado en 1246 -BNE Mss/17820- que perteneció a las monjas de Santo Domingo de Silos -o “el antiguo”- de Toledo (Suárez González 2008, 2011). la imposibilidad de adscribir al cenobio volúmenes ahora descontextualizados que recogen obras muy comunes, sin particularidades identitarias en su texto base y carentes de marcas de propiedad, y la seguridad de que ni siquiera todos los -pocos- anteriores al Quinientos que se encuentran hoy en el recinto monástico estaban ya en él cuando concluyó su confección o desde época temprana.6 Solo trece asientos del Catálogo de 1999 corresponden a volúmenes medievales y algunos de estos, facticios y modificados, incluyen unidades codicológicas modernas. Asimismo, el texto de ciertos ejemplares litúrgicos indica que no se realizaron para una casa del Císter. Por ejemplo, MH Ms. 14 (olim XII) es un “Missale mixtum secundum ordinem Cartusiensis” (López Vidriero et al. 1999, 26).
Siete códices -MH Ms.1, Ms.2, Ms.5, Ms.10, Ms.12, Ms.13 y Ms.49- pueden datarse entre los años ochenta del siglo XII, cuando tuvo lugar el proceso fundacional de la abadía que los guarda, 7 Proceso que se ha considerado finalizado en 1187. En Burgos, el 1 de junio, “era Mª CCª XXVª”, se data el privilegio rodado de los reyes de Castilla -Alfonso VIII y Leonor-, cuyo contenido resume de este modo una nota del siglo XIII en su reverso: “De donationibus hereditatum a rege factis Burgensi monasterio”, y que otro apunte dorsal del pergamino, cinco siglos más joven, define así: “Es la fundación de este Real monasterio” (AMB, pergamino 5). Aún no se ha publicado una colección diplomática crítica de la documentación medieval de Las Huelgas con transcripción paleográfica rigurosa de los textos, tabla completa de tradición, información sobre los caracteres externos, etc. No obstante, para conocer la historia de la abadía y para seleccionar las piezas de mayor interés relativas a un tema o asunto concreto, es muy útil la serie Documentación del monasterio de las Huelgas de Burgos iniciada por Lizoain Garrido en 1985. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las signaturas de los documentos recogidas en esta obra no son las actuales. El privilegio citado se encuentra en Lizoain Garrido 1985a, 19-23. y 1265,8 Es un corpus provisional, formado por ejemplares que pueden adscribirse con seguridad a este periodo. Del texto primigenio de MH Ms.9 -leccionario cisterciense- se desprende que es posterior a 1247. Su estudio, aún en curso, permitirá precisar más la data de este impecable códice escrito en letra gótica del norte, extrapeninsular. única fecha explícita en este pequeño conjunto. La expresión “Sub era Mª CCCª IIIª” abre una fórmula raspada en su mayor parte -¿con qué fin?- en el primer sector del manuscrito 2 (f. 2v), ejemplar facticio que contiene un calendario litúrgico, textos de cómputo y un colectáneo-ritual cisterciense. Al resto de las unidades codicológicas de esta ‘sección’, la más antigua de la biblioteca, solo cabe atribuirles una edad aproximada basada en las particularidades de la escritura, el texto primigenio y la decoración. No es este el espacio apropiado para presentar y valorar cuanto se ha escrito hasta la fecha sobre estos volúmenes, cinco de carácter litúrgico y dos -Ms.12 y Ms.13- patrísticos, todos atendidos tarde, y de modo desigual, por la comunidad científica.9 Estado de la cuestión, referencia a las obras y los autores que se han ocupado de estos libros en Suárez González 2021, 84-91.
Del manuscrito 5, leccionario bíblico mal llamado “Biblia antigua”,
10
Identidad, estructura y contenido del volumen abordados en Suárez González 2012; 2023, 133-137.
dio noticia Teófilo Ayuso Marazuela hace ochenta años,11
Ayuso Marazuela 1943, 142; 1953, 369.
y al Ms.10 -antifonario de excepcional iluminación- dedicó Maur Cocheril un detallado análisis publicado en 1961Cocheril, Maur. 1961. “L’antiphonaire de Las Huelgas”. Cîteaux - Commentarii cistercienses 12: 156-165.
,12
Descripción pormenorizada e hipótesis sobre su origen en Cocheril 1961.
pero los acercamientos de ambos especialistas pasaron desapercibidos.
Mayor difusión tuvo un estudio de la decoración de estos dos y de otros
cuatro códices -Ms.1, Ms.2, Ms.13 y Ms.49- publicado por Sonsoles Herrero González en 1988Herrero González, Sonsoles. 1988. Códices miniados en el Real Monasterio de Las Huelgas. Patrimonio Nacional.
.13
Herrero González 1988. Noticias también en Herrero González 1987, 2001.
Desde la aparición de esta obra, que puso “un extraordinario material artístico a disposición de los investigadores” (Yarza Luaces 1988, 10Yarza Luaces, Joaquín. 1988. “Prólogo”. En Códices miniados en el Real Monasterio de Las Huelgas, por Sonsoles Herrero GonzálezPatrimonio Nacional.
),
un hecho ajeno a los libros, la condición de fundación real de Las
Huelgas, ha influido en la mayoría de las aproximaciones a los más
ricos, de confección impecable y excepcional decoración. La convicción
de que Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra intervinieron en su
consecución generó un ruido que, con frecuencia, ha impedido escuchar lo
que el análisis de los testigos dice de su lugar de elaboración, edad y
trayectoria. El manuscrito 1, liber capituli considerado por algunos estudiosos donación de los “monarcas castellanos al monasterio”,14
Ocón 1998, 76.
se gestó post 1236 y se utilizó en Cîteaux antes de llegar a Burgos,15
En el f. 204v se encuentra un exlibris de la abadía borgoñona: “Liber Sancte Marie Cistercii”. Dado a conocer en Suárez González 2006 e imagen en Suárez González 2023, 158.
y, por distintas razones -data de confección posterior al año de
fallecimiento de los fundadores (1214), origen geográfico,
peculiaridades del contenido, etc.-, tampoco cabe asegurar que alguno de
los restantes ejemplares haya acabado en manos de las religiosas por
iniciativa de los reyes.
En resumen, los pocos libros anteriores al último tercio del siglo XIII comparten hoy lugar de custodia, la casa burgalesa, pero esto no convierte a la comunidad cisterciense en promotora, destinataria ni primera usuaria de todos, y tampoco puede asegurarse que estos se encontraban en el cenobio ya en el medievo. Componen un conjunto muy heterogéneo, una pequeña ‘colección de aluvión’ por “la variedad de materiales de distinto origen acumulados” -a veces, incluso, bajo una misma encuadernación- y porque “unidades codicológicas coetáneas” con claro “parentesco formal pudieron no haber llegado a la vez”. 16 Suárez González 2021, 85. Como ya se ha señalado, el Ms.1 viajó desde Cîteaux, y estudios desarrollados por especialistas en miniatura y música medieval vinculan el “magnífico” “antifonario monumental”17 En palabras de Yarza Luaces 1994, 289. que tanto sorprendió a Maur Cocheril -Ms.10- a una abadía cisterciense portuguesa: Santa María de Alcobaça.18 Argumentan esta adscripción Miranda 1999, 234; Ferreira 2001-2002; Galván Freile 2007, 445 y Sousa y Miranda 2017, 430-441. Se han propuesto otros territorios o scriptoria de origen, como Francia o Inglaterra (Herrero González 1988, 122; Yarza Luaces 1991, 54-55; 1998, 402; 2005c, 258 y Alonso Abad 2012, 59), Las Huelgas (Jordan 1992, 1993) y San Pedro de Cardeña (Walker 2007, 75-76, posibilidad que había apuntado anteriormente, con muchas reservas, Yarza Luaces 1994, 289). Nada se sabe, por el momento, del espacio en el que vio la luz el manuscrito 12 (Moralia in Iob, lib. I-XVII), hispano, y, aunque aún no ha finalizado el estudio del contenido, los caracteres externos del Ms. 2 podrían conducir a Toledo.19 Suárez González 2021, 85-86. En pregótica castellana se copió el manuscrito 49, un leccionario de sanctis destinado al oficio nocturno. De cuna ignota, se ha supuesto confeccionado en otro monasterio burgalés, San Pedro de Cardeña,20 Herrero González 1988, 121; Yarza Luaces 1991, 51; 1998, 401; 2005b; 2009, 221; Alonso Abad 2012, 59. La adscripción se basa en las similitudes que advierten entre el estilo y la técnica de la iluminación de este leccionario, el Beato pregótico del Museo Arqueológico Nacional (Ms. 2) y la Biblia románica de la BPE en Burgos (Ms. 173), pues consideran estos dos últimos ejemplares de origen caradignense. atribución en mi opinión muy arriesgada.21 Las escrituras de la Biblia citada y la del Beato son muy distintas, y ambas diferentes de la de MH Ms.49. Argumentos para cuestionar o rechazar, según los casos, la vinculación con Cardeña de estos y otros manuscritos en Martínez Díez 1999, 275-276; Sánchez Mariana 2001, 29-34; Zabalza Duque 2009, 138-141 y 149y Suárez González 2023, 145-147; 2025, 116-118. En cuanto a los manuscritos 5 y 13, la escritura es aún más explícita; presentan la modalidad gráfica de documentos y libros originarios de La Rioja, noreste de Palencia y, sobre todo, Burgos, datados entre finales de la duodécima centuria y el primer tercio de la siguiente. Esto implica que participaron en su elaboración copistas de este territorio o educados por amanuenses formados en él.22 Ejemplos librarios y documentales de esta modalidad de escritura y bibliografía de referencia en Suárez González 2012, 596; 2021, 89. Conocemos el nombre de un artífice, Martín, representado en el interior de una inicial historiada (MH Ms.13, f. 2v, Fig. 1).
2. MH Ms.13: materialidad y contenido
⌅Inédito hasta 1988, cuando Sonsoles Herrero González lo incluyó en su trabajo sobre los “códices miniados” de Las Huelgas, este volumen unitario, restaurado en 2014, 23 Información que agradezco a Pablo Andrés Escapa (Real Biblioteca), quien, además, facilitó el último examen del manuscrito. consta de 162 folios de pergamino, de 455 x 304/305 mm, con foliación reciente, a lápiz, en el ángulo cabeza/canal de los rectos.24 El f. “40 bis” sucede al cuadragésimo debido a un error por omisión en este proceso de numeración y a una intervención posterior para subsanarlo.
El soporte es recio y de aspecto heterogéneo. Las dos caras de la membrana se diferencian muy bien por el color -pars munda siempre más clara- y predomina el pergamino amarillento. No obstante, en bastantes casos la faz del pelo es demasiado oscura -casi parduzca- y algunos bifolios presentan alta concentración de restos de folículos en su pars pili. Se advierten, asimismo, defectos -ojos circulares u ovales, cicatrices alargadas- y, a veces, la orilla de la piel coincide con el borde de canal y/o pie de los folios, señal de un aprovechamiento extremo del material.
Integran el códice veintiún fascículos que presentan al exterior la cara pelo del pergamino y en la disposición de sus componentes se cumple siempre la regla de Gregory. Los veinte primeros son cuaterniones. 25 Cuadernos 1º (ff. 1-8), 2º (ff. 9-16), 3º (ff. 17-24), 4º (ff. 25-32), 5º (ff. 33-40), 6º (ff. 40 bis-47), 7º (ff. 48-55), 8º (ff. 56-63), 9º (ff. 64-71), 10º (ff. 72-79), 11º (ff. 80-87), 12º (ff. 88-95), 13º (ff. 96-103), 14º (ff. 104-111), 15º (ff. 112-119), 16º (ff. 120-127), 17º (ff. 128-135), 18º (ff. 136-143), 19º (ff. 144-151) y 20º (ff. 152-159). El vigésimo primero está formado por solo dos folios (ff. 160-161) y, tras la costura, se ven los talones de sus correspondientes solidarios. Tiene, por tanto, la estructura de un binión del que se suprimieron los dos últimos componentes que, con mucha probabilidad, se encontrarían en blanco, pues en el f. 161v concluyen las Enarrationes.26 El texto concluye en la trigésima primera rectora de la segunda columna de la página, las cinco directrices restantes están en blanco. Aparecen reclamos en la última página de cada cuaternión, dispuestos horizontalmente en el margen de pie, bajo la segunda columna de texto, y son obra del mismo copista que escribió el texto base. Ha desaparecido el del f. 40v -falta la totalidad del blanco inferior- y se conservan mútilos, debido a refilados, los de los cuadernos primero y decimoctavo.27 Los dispuestos en los ff. 8v y 143v. El texto de todos los reclamos legibles coincide con el incipit del fascículo siguiente.
Perforaciones en los cuatro márgenes de los folios guían un pautado manual realizado página a página pese a que se empleó mina dura. A veces el entramado auxiliar destaca en exceso por el intenso color negro de las líneas, necesario cuando la pars pili del pergamino es muy oscura, y no siempre se llevó a cabo con el debido cuidado, como demuestran la ausencia de líneas previstas por el pinchado, las duplicaciones o triplicaciones parciales de maestras verticales, las rectoras horizontales de longitud irregular o los trazos torcidos. El cuadro de justificación predominante mide 305 x 210 mm, aparece delimitado a derecha e izquierda por doble vertical y se divide en dos columnas separadas por intercolumnio con mediana. Las siete líneas verticales son mayores. Las rectoras horizontales rebasan, en mayor o menor medida, la caja de escritura y, con frecuencia, las tres primeras y las tres últimas se prolongan hasta el borde de canal. Su número, 36, coincide, salvo excepción justificada, con el de reglones escritos. 28 Esta es la descripción en mm de una página-tipo, el f. 101r: 17+6+90+9+9+90+6+77 x 35+305+115; UR = 8,714 mm.
Predomina la tinta parda-negra, de intensidad irregular a lo largo del libro. Los epígrafes que identifican el comienzo y el final del comentario correspondiente a un determinado salmo se realizaron en rojo, al igual que el explicit del volumen y versículos de la composición explicada insertos en la exposición agustiniana. En rojo y azul se llevó a cabo la escritura distintiva empleada para resaltar algunos initia, y ambos colores se unen al amarillo-ocre, el verde y el granate en las iniciales decoradas que articulan el tratado.
La escritura es una modalidad ‘de transición’ entre la letra carolina muy evolucionada y la primera gótica, una ‘carolina gotizada’ ‘pregótica’, ‘protogótica’ o ‘casi gótica’ en la que ya no se emplea e con cedilla para suplir el diptongo ae, reducido siempre a una e simple, la r ‘redonda’ sucede a o y b, y es evidente el claroscuro -consecuencia del contraste entre trazos gruesos y finos- y la angulosidad de buena parte de los caracteres. 29 En López Vidriero et al. 1999, 26 se considera “letra gótica redonda”, calificación que no comparto teniendo en cuenta las características y la edad de la escritura. Sin embargo, aún predomina la d minúscula de alzado perpendicular al renglón sobre la de tradición uncial, con asta inclinada hacia la izquierda, y dos letras consecutivas con curvas contrapuestas no comparten trazos. Como se ha señalado en el apartado anterior, las características del conjunto gráfico permiten insertarlo en una escuela de escritura reflejada en libros y documentos originarios de un territorio amplio, en el que se encuentra Burgos, y datados o datables entre finales del siglo XII y los años treinta del XIII.
A primera vista, el conjunto -texto base en tinta negra y rúbricas- parece obra de un solo copista. Sin embargo, el análisis pormenorizado, página a página, revela la intervención puntual de otro amanuense al que solo se debe la primera columna del f. 113v (Fig. 2). Ambos artífices pertenecen a la misma ‘escuela de escritura’, como muestra la morfología coincidente de buena parte de los caracteres, y destacan, disponiéndolas en ekdosis, las mayúsculas que comienzan frase cuando este inicio coincide con el principio de un renglón.
La obra del scriptor principal denota una ejecución lenta, en absoluto espontánea. Llama la atención la irregular inclinación de las letras y el modo de colocar los signos especiales de abreviación que suplen er y ur, pues, con frecuencia, aparecen sobre el carácter alfabético que antecede a lo reemplazado e, incluso, desplazados hacia su izquierda, y no a continuación. Cuando son consonantes sin alzados -como m, n, t- las que preceden a lo suplido, el equivalente a us (9) se dispone encima, como se sitúan las ‘letras sobrepuestas’ en las abreviaturas de este tipo. El signo general de abreviación predominante es un trazo recto horizontal rematado a la derecha en fino rasgo oblicuo que desciende hacia la izquierda. Destaca el capelo -largo, fino, recto- de la a y la g con dos ojos cerrados, el superior estrecho y el inferior con trazo final muy delgado que sobrepasa ampliamente este cuerpo de la consonante y se prolonga, descendiendo, hacia la izquierda.
El copista ocasional, sin embargo, muestra más variedad de formas en el pequeño conjunto gráfico que realizó. Por ejemplo, aparecen tres morfologías de g: un alógrafo similar al empleado por el calígrafo principal, una forma con ojo inferior abierto y otra con este cuerpo cerrado por rasgo curvo que remata hacia el interior de la letra. Tras a emplea tanto la r recta o ‘de martillo’ como la ‘redonda’. Su signo general de abreviación es una vírgula curva ascendente.
Son numerosas las correcciones. Predominan los punteados, sobre todo los sopuntados, 30 Cuando las letras afectadas tienen caído a veces los puntos se colocan encima. que sirven para anular porciones de texto de extensión variable -de una sola letra a varias palabras- duplicadas o dispuestas en lugar inapropiado. A veces indican caracteres alfabéticos o términos modificados in situ o que deben sustituirse en la lectura por los que aparecen escritos, por mano diferente a la del texto base, en el borde de canal de la página.31 Algunas de las notas parecen mutiladas y, quizá, falten otras, eliminadas por los refilados. En ocasiones se preceden de signos oblicuos de envío, idénticos a los que acompañan a los puntos de anulación/sustitución en el texto base. Para subsanar omisiones se introdujeron -escasos- interlineados y adiciones marginales e intercolumnares; son excepcionales, asimismo, las tachaduras y los raspados.
La
iluminación tiene mucha importancia en un volumen que destaca por el
colorido que aportan las numerosas letras decoradas. Pueden
diferenciarse tres tipos, teniendo en cuenta la estructura, el peso de
la ornamentación y su función como elementos articuladores del texto,
32
Los dos primeros forman el grupo de las llamadas iniciales “secundarias” por Herrero González 1988, 93.
y la unidad de técnica y estilo permite afirmar que al menos los dos
últimos fueron obra de un mismo artífice. Las más simples son las
mayúsculas monocromas -rojas o azules- de trazos sin partir, con una
sencillísima filigrana en color distinto al del signo alfabético
propiamente dicho y altura de 1 UR. Es la “escritura de aparato”33
Definición en Stirnemann y Smith 2007, 67.
utilizada para destacar el incipit de En. 119, En. 143, Ps. 119 y Ps. 126. Mayor complejidad presentan diecisiete iniciales, de módulo variable,34
La vocal I suele alargarse mucho fuera de la caja de escritura y el resto de las letras se insertan en reservados de 2-3,5 UR de altura.
que se destinan, sobre todo, a resaltar el primer versículo de un salmo
la primera vez que aparece en el texto del apartado a él dedicado; con
menor frecuencia, señalan el comienzo de una explicación. Predominan las litterae partitae de cuerpo rojo o granate y filigrana azul. Los
trazos esenciales, divididos en dos partes por una línea -recta,
sinuosa o quebrada- en blanco, rematan en apéndices vegetales, volutas,
etc., y en cuatro ejemplos aparecen rostros humanos. El tercer tipo lo
conforman cuarenta y cuatro “iniciales principales”35
Así denominadas por Herrero González 1988.
de tradición tanto capital como uncial, que abren enarrationes y salmos objeto de comentario. Las que se insertan en la caja de
escritura, con altura de 3 UR-11 UR, aparecen enmarcadas y con fondo de
color. Componen las letras elementos geométricos que recuerdan la
orfebrería, lazos y motivos vegetales; en pocos ejemplos suplen trazos
de los signos, o se introducen en su interior, animales reales y
fantásticos (híbridos antropozoomorfos, dragones, una arpía, etc). En
catorce hay figuras humanas. Dos de éstas pueden calificarse, sin
riesgos, de historiadas: la B que encabeza el libro, al comienzo de En. 119, en la que aparece el rey David tocando el salterio, y la A que marca el incipit del salmo 119 (Fig. 1).
El trazo horizontal de la vocal delimita dos espacios. En el superior
se “presenta una imagen mayestática de Dios frontal y de medio cuerpo,
bendiciendo con su diestra y portando el libro de la Revelación en la
contraria, representado de manera demasiado elemental” (Yarza Luaces 2005a, 22Yarza Luaces, Joaquín. 2005a. “Monasterio y Palacio del Rey”. En Vestiduras ricas. El monasterio de las Huelgas y su época 1170-1340. Patrimonio Nacional.
); en el inferior aparece un hombre tonsurado, arrodillado, orante, acompañado de la explanatio “Martinus scriba”.
Es una escena apropiada, pues el salmo 119 comienza con una súplica.
Tampoco sorprende el personaje masculino con corona que, en idéntica
actitud, se encuentra en la D que abre el salmo 129 -“De profundis clamaui ad te, Domine”-36
Hay otro rey representado, con un libro en su mano derecha velada (P de En. 124).
y el monje que habita la C inicial de Ps. 137: “Confitebor, tibi, Domine”.37
Dos monjes (B de En. 123 y O de En.
136) señalan el comienzo de texto con el dedo índice de su mano derecha
y otros dos miran en dirección contraria al texto que abren las letras
en las que se encuentran, en ambos casos una D (En. 130 y En. 142).
Sin embargo, en la mayoría de los casos no hay relación alguna entre
las representaciones y el texto al que acompañan e, incluso, es difícil
-o imposible- identificarlas.38
Señala Herrero González que las “caras y vestimentas parecen estereotipos” y faltan “atributos” (1988, 96).
Parece que se introdujeron en las letras personajes que no desentonaban
en un tratado sobre Sagrada Escritura -Cristo, monjes, reyes, etc.-,39
En tres C hay representaciones de Cristo, aunque su nimbo no es crucífero (En. 135, En. 147 y En. 149). Creo aventurado considerar también un “Cristo docente” (Herrero González 1988, 97) el personaje barbado, con nimbo, manto, túnica y un báculo o cayado en forma de tau que, sentado, está dentro de la N inicial de Ps. 126, 1, el único del códice que, como Martín, se
representa de cuerpo entero. Con el dedo índice de su mano derecha
señala el comienzo del texto. Un hombre barbado, sin nimbo, habita una D (En. 142). En Charleville-Mézières, BM, Ms 246d, vols. 1-3, hallamos algo similar. En la gran B que abre el primer tomo se ha representado a David como músico y en
otras letras ornadas aparece Cristo, bendiciendo con la mano derecha y
mostrando un libro con la izquierda, sin relación directa con el texto
al que dan comienzo. En el segundo tomo aparecen personajes en actitud
orante. Iniciales figuradas de Troyes, Médiathèque de Troyes Champagne
Métropole, Ms 40-4 guardan, asimismo, imágenes de un rey en oración y de
Cristo, de patrón análogo al presente en los otros manuscritos citados.
Hay también figuras ‘comunes’ aptas para cualquier obra de patrística,
teología, exégesis, etc. en la escritura decorativa de Engelberg,
Stiftsbibliothek, Cod. 12 y en Heidelberg, Universitätsbibliothek
Heidelberg, Cod. Sal. X,10,3.
sin otro propósito. Es
manifiesta, además, una repetición de patrones, lo que puede responder a
la torpeza del artífice, perceptible también en el dibujo y en la
elaboración y aplicación del color.40
Observaciones en Herrero González 1988, 96-98.
Muestra especial falta de habilidad en las letras “en que el
protagonista es la figura humana” y “llega a lo grotesco cuando pretende
presentar el perfil de alguna de ellas” (Yarza Luaces, 2005a, 22).
La encuadernación -costura sobre nervios, planos de madera con ceja, cubierta de piel- no es la primigenia. Su decoración, gofrada, permite considerarla mudéjar-renacentista y datarla en el s. XV ex. - s. XVI. 41 En las tapas, un rectángulo central relleno con motivos mudéjares -círculos aspados, estrellas de ocho puntas- se enmarca en tres bandas, la interior decorada con dobles círculos punteados y las dos restantes con leones. Sobre los motivos ornamentales, otras características y fechas de este tipo de encuadernación artística, Méndez Aparicio 1992, 30 y Ruiz de Elvira Serra 1992, 76-78. Se conservan las manecillas flexibles de dos cierres, han desaparecido algunas porciones del forro, desgastado y roto,42 Muy deteriorada cuando examiné el manuscrito por primera vez, antes de su restauración. y también falta parte de la clavazón.
En una etiqueta de principios del pasado siglo 43 Es la data de la escritura, una imitación de la gótica, y realizada por la misma mano que, en etiquetas similares, identificó el contenido de otros códices, empleando para ello esta letra neogótica, una redonda o redondilla caligráfica o ambas. adherida a la contratapa anterior consta la antigua signatura y una identificación genérica del contenido: “Nº XI. Comentarios de valor sobre los salmos”. Sonsoles Herrero González parafraseó este título y varió su significado: “Comentario sobre el valor de los salmos”.44 Encabezamiento del capítulo dedicado al manuscrito en Herrero González 1988, 93-103. Llamado “Comentario sobre los salmos” en Sánchez Mariana 1993, 173. Le atribuye identidad diferente, la de “salterio glosado”, Yarza Luaces 2005a, 19. En la unidad descriptiva del Catálogo publicado en 1999 se considera un “Comentario a los Psalmos”, sin especificación de autoría.45 López Vidriero et al. 1999, 26. Se incluye transcripción del incipit y el explicit del manuscrito, textos que se consideran, erróneamente, parte de los comentarios del “Psalmo 109” y el “Psalmo 101”. La segunda equivocación es consecuencia, seguramente, del yerro en el epígrafe inicial de En. 150 (f. 159v). La misma información en https://realbiblioteca.patrimonionacional.es/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=115203. Sin embargo, el volumen guarda una obra muy conocida y de gran difusión en el medievo: las Enarrationes in Psalmos de san Agustín,46 Es abundantísima la bibliografía sobre la obra. Para un primer acercamiento a la naturaleza de las piezas que la componen, finalidad, fechas, denominaciones, títulos, difusión, etc., han sido muy útiles Wilmart 1931, 295-315 y los capítulos introductorios -debidos a los editores E. Dekkers, I. Fraipont, B. Martín Pérez, F. Gori y C. Weidmann-, en Augustinus 1956a, 1967, 2001, 2002, 2003, 2005. en concreto En. 119 - En. 150. La existencia de un ejemplar de este tratado agustiniano en el cenobio burgalés pasó inadvertida hasta hace veinte años,47 Este códice no figura, por tanto, en el exhaustivo repertorio de Wilmart 1931. Identifiqué su contenido en 2002, cuando realicé una primera revisión de los manuscritos plenomedievales de la abadía en el marco del proyecto de investigación “La difusión del culto a Tomás Becket en la Península Ibérica (1170-1230). Historia y arte”, financiado por la Junta de Castilla y León (ref. León 08/02, 2002/69). Referencias a la existencia de un ejemplar de las Enarrationes en Las Huelgas en Baury 2019, 91 y Suárez González 2021, 78. quizá porque el testigo carece de intitulación general inicial. El texto comienza con el incipit de En. 119, “BREVIS PSALMVS EST, ualde utilis...” (f. 1r), sin rúbrica previa que indique a qué salmo corresponde, y su explicit es: “Et quia sapere secundum carnem mors est. Omnis spiritus laudet dominum. Amen” (f. 161v).
La compartimentación de las Enarrationes que atestigua el códice, dedicado solo a los treinta y dos últimos salmos, es poco común, como se desprende de los repertorios, 48 Solo corresponden a volúmenes con este contenido una docena de los 393 asientos que componen la relación de Wilmart 1931, 300-309 con la ampliación debida a E. Dekkers e I. Fraipont en Augustinus 1956a, VI. de la revisión de manuscritos supervivientes trasmisores de la obra49 Para saber cómo se dividieron en volúmenes las Enarrationes, conocer la denominación de la obra y sus apartados, los recursos empleados para articular el tratado, etc., se han revisado completos los siguientes ejemplares: Angers, BM, Ms 169 - Ms 173; Avranches, BM, Ms 76 - Ms 78; Bruselas, KBR, Ms. 5469; Charleville-Mézières, BM, Ms 246d (vols. 1-3); Clamecy, Musée d’Art et d’Histoire Romain Rolland, inv. CP 556 (fragmento); Darmstadt, Universitäts - und Landesbibliothek, Hs-897; Dijon, BM, Ms 144 - Ms 147; Engelberg, Stiftsbibliothek, Cod. 12; Heidelberg, Universitätsbibliothek Heidelberg, Cod. Sal. X,10,1 - Cod. Sal. X,10,3; Lisboa, BNP, Alc. 343 - Alc. 346; Londres, BL, Harley MS 4904, Royal MS 5 C IX, Royal MS 5 D I, Royal MS D II - D III, Royal MS 5 D IV - 5 D V; Madrid, BNE, Mss/195, Mss/202, Mss/10052, Mss/11502 y Mss/11503; Oxford, Bodleian Library, Ms. Laud Misc. 131-133 y Ms. Laud Misc. 245; París, BnF ms latin 1979 - latin 1994, latin 2000, latin 9533, latin 12171 - latin 12183, latin 12189 - latin 15293, latin 16723, NAL 1440, NAL 1441 y Bibliothèque de l’Arsenal, Ms-302; Reims, Bibliothèque Carnegie, Ms 85 (Saint-Thierry, n. 41); Troyes, Médiathèque de Troyes Champagne Métropole, Ms 115, Ms 40-4 y Ms 40-5; Biblioteca Apostolica Vaticana, MSS Pal. lat. 203, Pal. lat. 205, Pal. lat. 214, Pal. lat. 215, Reg. lat. 30, Reg. lat. 102, Vat. lat. 453 y Vat. lat. 455; Soria, BPE, Ms. 32-H. Excepto este último, estudiado directamente, la consulta se ha realizado a partir de las digitalizaciones disponibles en los portales web de los centros en los que se conservan. y de la información aportada por inventarios o catálogos medievales y otras fuentes coetáneas relacionadas con scriptoria y bibliotecas.50 Estas fuentes demuestran que han desaparecido, o no se han identificado, manuscritos con la misma porción de la obra. En el inventario de libros del monasterio cisterciense de Meaux (Yorkshire, Inglaterra), de finales del siglo XIV, se mencionan unas Enarrationes divididas en cinco volúmenes. Los cuatro primeros tomos comenzaban con las piezas agustinianas asociadas a los salmos 1, 51, 73 y 101 respectivamente, y el último con la relativa al 119: “quinta pars super Ad Dominum cum tribularer” (Bell 1992, 40, nº 33). El autor de la Fundatio abbatiae de Valcellis, relato compuesto en la octava década del siglo XII, cita los libros que, recuerda, copiaron los monjes blancos llegados a Vaucelles (norte de Francia) entre 1132 y 1151. Uno de los religiosos, “Joannes de Oisy”, “Scripsit etiam Augustinum super 32 ultimos psalmos” (Tock 2018, 23). Pero, el contenido actual ¿es el originario? ¿Se realizó un cuerpo de libro que empezaba con los salmos graduales o se ha conservado solo parte de un manuscrito más amplio? El primer cuaderno está completo y, sin embargo, como ya se ha señalado, no hay ni epígrafe inicial general ni rúbrica de En. 119. Estas ausencias podrían deberse a que las fórmulas se encontraban en folios anteriores desaparecidos por causas fortuitas o integrantes de otra porción resultante de una división intencionada, pero caben también otras razones para explicar la falta de estos elementos de referencia. Quizá el exemplar que se copió carecía de uno o de ambos. En algunos códices de las Enarrationes el título es el único contenido de la primera página escrita, el vuelto del primer folio,51 Así en Angers, BM, Ms 169 y Ms 171, Troyes, Médiathèque de Troyes Champagne Métropole, Ms 115; Ms 40-4 y Ms 40-5, Londres, British Library, Royal 5 D II, Avranches BM Ms 77 y, junto a representaciones de san Miguel, san Agustín y David, es el contenido de Avranches BM Ms 76, f. 2v. ¿así se hallaba originariamente en el modelo y este llegó acéfalo a manos de los copistas del manuscrito 13? Tal vez no, y la omisión es solo consecuencia de un error de cálculo, un olvido o una distracción de los artífices del burgalés. En todo caso, la gran B que abre el texto, habitada por David figurado como rey músico, lleva a pensar que En. 119 fue siempre la primera pieza del libro. Se trata de una representación habitual para encabezar el Salmo 1 en salterios stricto sensu y en obras dedicadas a explicar o comentar estas composiciones de la Sagrada Escritura, como la que nos ocupa, y está presente, asimismo, al principio de volúmenes que, dedicados solo a una parte de las Enarrationes, no empiezan con En. 1.52 Dos representaciones de David -figurado como músico y luchando contra el león- se hallan en la E inicial de En. 101, primera pieza de Dijon, BM, Ms 147 (f. 2r), que contiene En. 101 - En. 150. No puede darse una respuesta segura a esta cuestión, entre otras razones porque la búsqueda del modelo inmediato de Ms.13, o de algún antecesor seguro, ha resultado hasta ahora infructuosa, y las pesquisas ni siquiera han permitido insertar el testigo de Las Huelgas en una línea de la tradición, adscribirlo a una familia.53 Con el fin de encontrar manuscritos relacionados que permitiesen filiar el códice, labor sin resultados por el momento, se cotejaron los textos relativos a los salmos graduales (Ps 119-133), En. 150 y los comienzos y finales de En. 134 - En. 149 con los editados en Augustinus 1956b, 2001, 2002, 2005.
La falta de intitulación general impide también saber cómo se denominaba una obra que aglutina distintos géneros -exegético, homilético- y aparece designada de diversos modos en los epígrafes iniciales de otros ejemplares medievales: “Incipit tractatus Psalmorum Augustini episcopi”, 54 En Avranches BM Ms 76, f. 2v. La obra se identifica como Tractatus de san Agustín en numerosos códices revisados. “Incipiunt decade Aurelii Augustini episcopi super Psalterium”,55 En Bruselas, KBR, Ms. 5469, f. 1v. La misma denominación en Angers, BM, Ms 171, Angers, BM, Ms 172, Avranches BM Ms 77, Charleville-Mézières, BM, Ms 246d, vol. 1, Dijon, BM, Ms 147, Lisboa, BNP, Alc. 343 y Troyes, Médiathèque de Troyes Champagne Métropole, Ms 40-5. “... Incipit expositio sancti Aurelii Augustini super Psalterium...”56 En Troyes, Médiathèque de Troyes Champagne Métropole, Ms 115, f. 1v. Así se designa el tratado en el epígrafe inicial del Ms 40-4 del mismo fondo, Angers, BM, Ms 169 y Ms 170, Dijon, BM, Ms 145, Madrid, BNE, Mss/195, París, BnF ms latin 15292 y MSS Vat. lat. 453/0016. , “Incipit explanatio Sancti Agustini (sic) episcopi...”,57 Reims, Bibliothèque Carnegie, Ms 85 (Saint-Thierry, n.41), f. Ir. etc.58 Sobre la aparición posterior y generalización de la denominación Enarrationes,Wilmart 1931, 295. También carece el libro de titulus currens, pero su ausencia no entorpece el uso debido a la variedad de recursos empleados para marcar e identificar distintas partes del texto. Ya se ha mencionado la función articuladora de la escritura decorativa y, excepto al principio del volumen, epígrafes en tinta roja, ajustados a un mismo formulario, marcan el comienzo y el final del apartado dedicado a cada salmo. Elidido siempre el vocablo relativo a la naturaleza de la composición -tractatus, expositio, explanatio, etc.-59 “Incipit explanacio sancti Agustini (sic) episcopi...” en BnF ms Latin 12189, f. 1r. , a la expresión “Incipit de psalmo” o “Explicit de psalmo” siguen ordinales romanos, su transcripción in extenso o la combinación de ambos sistemas de expresión. Hay errores en seis rúbricas. Sobran numerales en las finales de En. 132 -“Explicit de psalmo centesimo XXXº tercio (sic) IIº” (f. 61v)- y En. 136 -“Explicit de psalmo centesimo tricesimo septimo (sic) sexto” (f. 78r) -, y se confunden números en epígrafes de En. 134 -“Incipit de psalmo centesimo uicesimo (sic) quarto” (f. 62v)-, En. 143 -“Explicit de psalmo centesimo sexagesimo (sic) IIIº” (f. 120r)-, En. 144 -“Explicit de psalmo centesimo sexagesimo (sic) quarto” (f. 126v)- y En. 150: “Incipit de psalmo centesimo primo (sic)” (f. 159v). ¿Presentaba estos yerros el modelo?
Se destaca en tinta roja, la primera vez que aparece, cada porción del salmo -versículo íntegro o no- al que se dedica un comentario. Es el resultado de una labor que exige especial cuidado y lentifica la copia. Teniendo en cuenta la estructura y tenor del escrito agustiniano, que incluye, dividido, el texto completo del libro bíblico, si esta diferenciación se ha realizado con rigor, el lector puede llevar a cabo una lectura ‘continua’ de los salmos, basta con que preste atención solo a estas rúbricas. 60 A veces se ve dificultada esta lectura continua porque aparecen en rojo letras o palabra que anteceden o siguen al texto bíblico propiamente dicho y en tinta negra porciones de salmos que deberían haberse destacado. En buena parte de los manuscritos consultados aparecen resaltados los mismos fragmentos, trasladados en tinta de color distinto a la predominante en el libro o escritos en diferente tipo gráfico.
Estos recursos de articulación e identificación facilitan el acceso a la obra, pero, en sentido contrario, la reducción a siglas de algunos versículos de los salmos, abreviaturas que no he hallado en otros códices, dificulta la lectura, salvo que quien haga uso del manuscrito esté muy familiarizado con lo apocopado y sepa de memoria los vocablos reducidos a su letra inicial. ¿Fue decisión de los artífices del códice abreviar estas partes del texto o ya se hallaban así en su exemplar?
Otra particularidad llama la atención. Ya se ha indicado que los initia de En. 119 -“BREVIS PSALMVS EST” (f. 1r)- y En. 143 -“PSALMVS HVIVS TITVLVS” (f. 114r)-, y de dos salmos propiamente dichos, el 119 y el 126 -“NISI DOMINVS HEDIFICAVERIT DOMVM, IN VANVM” (f. 33r)-, aparecen en escritura decorativa, ¿por qué? No se distingue el incipit de estas piezas en ninguno de los ejemplares de las Enarrationes revisados. En el contenido de En. 143 y Ps. 126,1 no hallo razón que lo justifique. 61 No encuentro, asimismo, una explicación relacionada con el -posible- uso litúrgico de las Enarrationes agustinianas. En el caso de En. 119, tal vez se pretendió realzar el comienzo del libro y el primer versículo de Ps. 119 es el que se abre con la gran A que cobija a “Martinus scriba” (f. 2v). A las dos primeras palabras, las escritas con mayúsculas adornadas, “AD DOMINVM”, sigue, en la grafía común, pero realizada en rojo, el resto del versículo: “cum tribularer clamaui et exaudisti me”. La discordancia entre ambas partes es evidente. El inicio en escritura distintiva es el propio del salmo en la Vulgata y en los salterios de uso litúrgico, no en la versión que recoge el tratado de san Agustín: “Ad te, Domine”. Ningún otro códice consultado presenta esta peculiaridad y tampoco figura entre las variantes presentes en las ediciones críticas de las Enarrationes.62 Augustinus 1956b, 1780; 2001, 44.
3. Tareas y artífices
⌅El versículo que, alterado, encabeza la A historiada del f. 2v es el idóneo para la escena que se desarrolla en la inicial. 63 Disponemos de un ejemplo similar próximo, en un impecable manuscrito litúrgico cisterciense destinado a la celebración eucarística -Pamplona, ARGN, Códices litúrgicos y bíblicos, K.6-, procedente de Fitero y de ¿origen toledano? (argumentos en Suárez González 2016, 104-105). En la primera letra ornada -E (f.1v)- Cristo, representado de cuerpo entero, bendice con la mano derecha y muestra un libro con la izquierda; un monje con cogulla blanca, en actitud orante, como Martinus, aparece arrodillado a sus pies. No hay ningún mensaje escrito en la escena. Descripción e imagen en De Silva y Verástegui 1989, 25-29. Representaciones similares en otros manuscritos plenomedievales incluyen una oración, de ruego o de alabanza, escrita en un libro figurado, en una filacteria o en algún espacio reservado próximo a las imágenes, pero, en este caso, el comienzo del salmo expresa ya una súplica y no hacen falta, por tanto, más palabras que las que identifican al individuo tonsurado que se arrodilla bajo una representación de Cristo en majestad: Martinus, scriba. Pero ¿quién era Martín? y ¿qué labor desempeñó en la génesis del códice?
La presencia frecuente de un notario lato sensu llamado “Martinus Petri” en los textos diplomáticos de Las Huelgas editados por Manuel Lizoain Garrido (1985)Lizoain Garrido, José Manuel. 1985a. Documentación del monasterio de las Huelgas de Burgos (1116-1230). Ediciones J. M. Garrido Garrido.
,
llevó a plantear a Sonsoles Herrero González que el iluminador del
volumen pudo haber sido este amanuense “que firma documentos en los años
treinta del siglo XIII” (1988, 122Herrero González, Sonsoles. 1988. Códices miniados en el Real Monasterio de Las Huelgas. Patrimonio Nacional.
), propuesta suscrita por Joaquín Yarza Luaces (2005a, 22)Yarza Luaces, Joaquín. 2005a. “Monasterio y Palacio del Rey”. En Vestiduras ricas. El monasterio de las Huelgas y su época 1170-1340. Patrimonio Nacional.
.
En el primer acercamiento al ejemplar, sin haber podido ver aún la escritura de los originales diplomáticos del monasterio, manifesté dudas al respecto. Por una parte, las suscripciones de Martinus Petri en la documentación publicada de Las Huelgas se hallaban en piezas de un periodo demasiado amplio (1207-1258) y tal vez correspondían a varios artífices homónimos, 64 El estudio de los diplomas confirma esta hipótesis, era una posibilidad ya apuntada por Yarza Luaces 2005a, 22. y, por otra, pensaba, no podía descartarse la realización del manuscrito en algún otro cenobio del territorio al que conducían las particularidades gráficas, como los monasterios cistercienses de Herrera y Rioseco, con scriptoria bien documentados -y competentes- entre finales del siglo XII y las primeras décadas del XIII.65 Suárez González 2021, 91-92. La búsqueda de la letra del libro en documentos de diversos fondos monásticos y catedralicios tardó mucho tiempo en dar frutos y, al final, condujo a Las Huelgas, el origen propuesto por los citados historiadores del arte, aunque no a Martinus Petri, sino a otro amanuense, el que se presenta así en una charta per alphabetum divisa fechada el 2 de febrero de 1234: “Martín, escriuano del monesterio, me scripsit” (AMHB, pergamino 802, Fig. 3).66 Olim AMHB, Leg. 33, n. 1495. El diploma atestigua la donación de la abadesa María Pérez de Guzmán y su hermana Teresa, “por quinto de nuestro heredamiento, al conuiento del monesterio de Sancta María la Real de Burgos”. En respuesta a un ruego expreso de la prelada otorgante, para que lo escriturado fuese “maes estable”, Fernando III confirmó el instrumento en Burgos, el 4 de julio del mismo año, como muestran una cláusula inequívoca -“otorgo esta carta e so tenudo de fazerla conplir...”- y su sello de plomo.67 Documento editado por Rodríguez López, 439-440 y Lizoain Garrido 1985b, 40-41. El primer editor, que fecha el diploma en 1233 -debido a una confusión al resolver la fórmula de datación-, ofrece algunos datos sobre la materialidad de la pieza -“original en pergamino partido por a. b. c. Ancho 0,32 x 0,175 alto. Letra francesa”, “pende el sello de San Fernando de hilos de seda roja y amarilla”- información ausente de la edición de Lizoain Garrido. Sobre esta donación, Pérez-Embid Wamba 1986, 770 y Walker 2012, 18. Salvo este refrendo final, cancilleresco, el texto es obra de la mano principal del manuscrito 13. Al igual que en el libro, la ejecución evidencia lentitud, la inclinación de las letras es irregular y se advierte la peculiar posición de ciertos signos especiales de abreviación, desplazados hacia la izquierda. Son numerosas las correcciones en el texto: anulaciones mediante puntos suscritos, interlineados para subsanar omisiones, raspados y enmiendas o modificaciones de trazos. La comparación de la escritura de la carta con la del códice pone de manifiesto algunas diferencias, la mayoría debidas a un intento del amanuense por dar un aspecto más ‘diplomático’ a una grafía que, aun así, cabe calificar de ‘libraria’, carente de cursividad, con letras yuxtapuestas y sin ligaduras. Los alzados son, por ello, más largos; en ocasiones se prolongan por debajo de la rectriz pautada tanto el trazo vertical de la r, que se mantiene recto, como el que forma la panza de la h, curvo, fino y rematado en punta; la z a veces se convierte en una forma rápida, estrecha y quebrada de 3; la g presenta solo un cuerpo cerrado y un caído alargado -cola- horizontal paralelo a la línea del renglón y el signo general de abreviación es un trazo en bucle, sinuoso, con forma de 8 abierto por la parte inferior.
Martín “escriuano del monesterio” es “Martinus scriba”, el responsable de la casi totalidad del texto base del manuscrito 13, pero ¿realizó también la escritura ‘de aparato’? ¿Fue él quien lo decoró? ¿Su imagen en la A historiada de Ps. 119,1 es un autorretrato? 68 “Puede tratarse del autorretrato del iluminista” (Herrero González 1988, 96). Quizá no, o, en todo caso, no puede afirmarse que este copista haya iluminado el manuscrito. Los pocos caracteres alfabéticos de la explanatio definitiva que acompaña a la imagen del eclesiástico impiden atribuirle con seguridad este breve rótulo, que bien pudo ser obra de otro artífice de la misma escuela gráfica, como el que intervino en el f. 113v. Sé que el hecho de que el orante se identifique como scriba, y no como pictor o illuminator,69 Precisiones que sí aparecen en otros manuscritos. Ejemplos en Alexander 1992, 10-22, Gullick 2006 y Legner 2009, 33-38. no basta para descartar la labor decorativa del personaje figurado, y más teniendo en cuenta que la calidad de las iniciales, o mejor dicho, sus defectos, podrían deberse a que su autor tenía mejor intención que competencia. Pero ¿es Martín este posible scriptor sin cualidades para un trabajo pictórico?70 Advierte Joaquín Yarza Luaces que no “es desechable la hipótesis de que fuera asimismo iluminador, primero porque fue frecuente desde fechas anteriores que ambas habilidades coincidieran en la misma persona, y además porque en efecto se entiende que un buen escriba sea ocasionalmente un mediano iluminador” (2005a, 22). Las tres primeras letras del titulus que identifica su figura -Mar- se escribieron, como aviso, en el margen de canal de la página, próximas a la inicial historiada, y ¿habría sido necesaria ésta si el encargado de realizar la escena era el personaje representado en ella? Probablemente no. Este aviso auxiliar no es una excepción. Para saber qué “iniciales principales” debían insertarse en los huecos reservados en la caja de escritura, se dispusieron, a su altura, en el margen lateral -el de pliegue o de canal- más próximo al espacio en blanco, letras provisionales, quizá porque quien hizo estos caracteres ornados no tenía delante el manuscrito modelo. Ya se ha llamado la atención sobre la extraña variante en Ps. 119, 1, -el texto que abre la A en la que se figuró a Martinus scriba- copiado en grafía decorativa. Quien lo introdujo ¿tampoco estaba viendo el exemplar y, sin apunte orientativo, escribió el versículo del salmo al que estaba habituado, el que, quizá, sabía de memoria? Asimismo, se incorporaron también notas de taller para orientar los initia trasladados en escritura distintiva, como demuestra la ubicada en el margen de pliegue del f. 114r, casi en la línea de costura, perpendicularmente al texto principal de la página, que recoge, en caracteres muy pequeños, el incipit de En. 143: “Psalmus huius titulus”. La escritura del apunte, más cursiva que la del resto del libro, es diferente a la empleada por Martín en el documento de 1234: la a, triangular, carece del capelo amplio que caracteriza a la presente en el texto base del códice y en el diploma; el caído de la p remata en punta, orientado hacia la izquierda, y no ancho y biselado como en la carta de donación; la s, alta y muy alargada, tiene un trazo superior muy curvo, ausente del alógrafo empleado por este “escriuano del monesterio”. De otra mano son también algunas indicaciones de corrección coetáneas dispuestas en los márgenes. El hecho de que los errores en los epígrafes de identificación no hayan sido subsanados y que, incluso, permanezca en blanco el espacio reservado para una rúbrica ausente ¿responde a que la revisión tuvo lugar antes de la introducción de estos textos en tinta roja?71 Falta la rúbrica correspondiente a Ps. 148, 1 (f. 150v).
En resumen, aunque solo se publicita en él el nombre de un scriptor, el análisis demuestra que el manuscrito 13 es obra de un grupo de artífices. Algunos descuidos quizá no sean consecuencia de la premura en la ejecución -¿para devolver un modelo prestado?- sino de la intervención simultánea, no siempre bien coordinada, de varios implicados entre los que, parece, no se encontraba un miniaturista competente.
4. Más allá del libro
⌅El análisis del códice no permite precisar el número de miembros que integraban el equipo de trabajo y tampoco determinar cuándo, dónde, por iniciativa de quién y para quiénes se realizó. La carta de donación AMHB, perg. 802 proporciona una data de referencia -1234-, conduce a Burgos y revela la vinculación del copista principal a la abadía cisterciense poseedora. Sin embargo, continúan siendo numerosas las incógnitas sobre la génesis y la vida posterior del libro.
Teniendo en cuenta la relación del scriba representado en el manuscrito con el monasterio que aún lo guarda, tiene lógica pensar que se elaboró para y en Las Huelgas, como proponen Herrero González y Yarza Luaces, pero la evidencia de que varios artífices participaron en la confección y la ausencia, como veremos, de huellas de uso, obligan a cuestionar algunas aseveraciones sobre su nacimiento y trayectoria.
Se ha sintetizado en el umbral de este
trabajo lo afirmado hasta la fecha sobre el origen de otros ejemplares
iluminados del mismo fondo. Solo Wesley D. Jordan (1992Jordan,
Wesley David. 1992. “An Introductory Description and Commentary
concerning the Identification of four Twelfth Century Musico-liturgical
Manuscripts from the Cistercian Monastery of Las Huelgas, Burgos”. Revista portuguesa de musicologia 2: 57-146.
, 1993)Jordan,
Wesley David. 1993. “Four twelfh-century musico liturgical manuscripts
from the Cistercian monastery of Las Huelgas, Burgos”. Manuscripta 37: 21-70. https://doi.org/10.1484/J.MSS.3.1426
planteó la existencia de un taller en la abadía, pero impulsado por “capellanes”
foráneos, borgoñones. A ellos atribuyó el rico antifonario (Ms.10),
hipótesis rebatida por diferentes especialistas, entre los que se
encuentra Joaquín Yarza Luaces. “Ninguno fue copiado allí, como es
costumbre en los monasterios femeninos cistercienses, salvo uno” (2005a, 19Yarza Luaces, Joaquín. 2005a. “Monasterio y Palacio del Rey”. En Vestiduras ricas. El monasterio de las Huelgas y su época 1170-1340. Patrimonio Nacional.
),
apunta, y, refiriéndose a éste, la excepción, el manuscrito 13,
advierte que cuando se “recurre a un escriba, como Martinus, se trata de
alguien de fuera” (2005c, 258Yarza Luaces, Joaquín. 2005c. “Antifonario de Las Huelgas”. En Vestiduras ricas. El monasterio de las Huelgas y su época 1170-1340. Patrimonio Nacional.
).
Al igual que la coetánea de otras casas femeninas de la Orden, la documentación plenomedieval de Sancta Maria Regalis no guarda suscripciones de religiosas amanuenses, 72 Sobre producción de escritos en los monasterios cistercienses femeninos de Castilla durante el medievo, Baury 2012, 84-85 y Suárez González 2021, 76-77. todos los scriptores mencionados son varones. La ausencia de referencias en los instrumentos de archivo ¿basta para asegurar que tampoco participaron en la copia o decoración de libros?73 Puede cuestionarse la inexistencia de scriptoria cistercienses femeninos. Relatos hagiográficos -Vitae- permiten apuntar que quizá algunas religiosas desarrollaron tareas de escritura en la abadía de La Ramée (Bélgica). Al respecto, Falmagne 2002, 38-39. ¿Puede afirmarse, al menos, que las religiosas de Las Huelgas fueron las promotoras del códice que nos ocupa? Pese a los defectos de impericia que denota la iluminación, está claro que “la ambición de enriquecer con tantas iniciales”74 Yarza Luaces 2005a, 22. conllevó, sin duda, una importante inversión en medios materiales. ¿Quién decidió que se hiciese o lo encargó? ¿Quién lo pagó? Considerando el oficio de Martín, “escriuano del monesterio”, cabría pensar que la responsable de que el manuscrito 13 se llevase a término fue una prelada de la abadía, como cabeza de la comunidad. La autoría del documento de 1234 escriturado por este notario lato sensu está clara. Ya se ha mencionado que el pergamino recoge una donación de la abadesa María Pérez de Guzmán75 El asiento de su óbito, “Obiit domna Maria de Guzman, abbatissa IIIIª Sancte Marie Regalis”, se encuentra en MH Ms.1, f. 131r y MAN, Ms. Inv. 1962/73/3, f. 182v. (¿1232?-1238)76 La duración del abadiato no está clara. Se desarrolló entre 1231 y 1238 según Escrivá de Balaguer 1944, 343; Alonso Abad 2007, 401 y otros autores. Walker lo retrasa hasta 1232 (2012, 18). La documentación editada refleja una época de sede vacante en 1230-1231, en la que ejerce como superiora de la comunidad la priora Inés Laínez, y el primer diploma en el que figura expresamente la abadesa María está fechado el 29 de octubre de 1232 (Lizoain Garrido 1985b, 26-31). María Pérez de Guzmán era todavía abadesa el 13 de septiembre de 1238 (AMHB, caja 57, expediente 2, Lizoain Garrido 1985b, 87-88). y su hermana Teresa. También monja de Las Huelgas, probablemente sea la “Teresa Peidrez” que suscribe, como “cantatrix” del cenobio, una carta fechada en mayo de 1211.77 Lizoain Garrido 1985a, 170-171; 1987, 472. Cuando Martín escrituró la donación de las hermanas Pérez de Guzmán desempeñaba esta responsabilidad otra monja. “Donna Maria Garciez la cantor” leemos en AMHB 57/24, documento fechado en abril de 1233, y hay menciones similares en otras piezas datadas entre 1227 y 1246 (Lizoain Garrido 1985a; 1985b). Teniendo en cuenta el rico patrimonio atestiguado en las donaciones de estas religiosas, hijas de Pedro Rodríguez de Guzmán y doña “Mahalt”78 Intitulan ambos una carta fechada en febrero de 1194 que recoge, entre otras disposiciones, la entrega a sus hijas, Teresa y María, de “Riofocin” (Lizoain Garrido 1985a, 66-67). En noviembre de 1199 se data el documento que consigna la donación a Las Huelgas de heredades que María y Teresa recibieron de su padre (Lizoain Garrido 1985a, 87-89). Rose Walker destaca la vinculación de estas monjas con Pedro Rodríguez de Guzmán “mayordomo” de Alfonso VIII, “uno de los nobles que, de acuerdo con la Crónica latina de los reyes de Castilla, habrían muerto en el campo de batalla” de Alarcos (2012, 18) y benefactor de la abadía cisterciense en la que profesaron sus hijas. En su semblanza, muy parcial, de la abadesa, Yáñez Neira no menciona los nombres de sus progenitores (1989, 226-227). , y el hecho de que la cantor era la responsable de los libros, no solo de los relacionados con la liturgia,79 Es “cantor” el vocablo más habitual para señalar esta responsabilidad en las casas femeninas de la Orden. Ver Suárez González 2021, 74-77. podría conjeturarse que ellas impulsaron y financiaron la elaboración o la adquisición de ejemplares para su monasterio. Es una hipótesis sugerente, pero, al menos por el momento, la prudencia aconseja no atribuirles intervención alguna en la consecución del manuscrito 13. El estudio del códice no permite fijar el año en el que comenzó su confección y confirmar que, en efecto, tuvo lugar durante el abadiato de María Pérez, y, además, Martín no se identifica en su carta partida como escribano “de la abadesa”.80 Precisión que sí aparece en diplomas de otras comunidades. “Pero Martínez, escriuán de la abadesa” suscribió en 1265 dos cartas pertenecientes al fondo de Santa María de Gradefes, León (AMG, nº 488 y nº 489). Piezas editadas por Burón Castro 1998, 583-585. No podemos olvidar, asimismo, que en la abadía se encontraban otras mujeres con autoridad y bienes sobrados para promover la realización de escritos complejos y costosos.81 Una aproximación reciente a estas figuras en Reglero de la Fuente 2016. Por ejemplo, en 1232, una de ellas, Constanza de Castilla, hija de los reyes fundadores, ordenó a su capellán “don Ferrando” “escreuir todo el heredamiento” de Las Huelgas, como consta expresamente en el extenso apeo resultante.82 Lizoain Garrido 1985b, 20-26.
¿Es posible saber, al menos, para quiénes se hizo y cuánto, cuándo, cómo y dónde se utilizó el libro? Lo cierto es que también carece de señales inequívocas de un uso y permanencia en Las Huelgas desde el doscientos hasta hace un siglo. De hecho, apenas hay huellas de utilización; no se aprecia desgaste en los folios y los únicos signos incorporados al volumen son algunas, muy pocas, pruebas de pluma marginales, en escritura usual del siglo XVI y sin relación con el texto base de la página en la que se encuentran.
El manuscrito 13 es el único códice identificado de las Enarrationes in psalmos anterior al último tercio del siglo XIII perteneciente a una abadía cisterciense femenina hispana. 83 Bifolios con porciones de En. 77 y En. 78 son las guardas de un cantoral moderno sin signatura, con oficios de sanctis, que se encuentra en el monasterio femenino cisterciense de Santa María de Carrizo (León), pero ¿provienen de la colección medieval de la abadía o llegaron a ella cuando se confeccionó el libro de coro? Tanto los asientos en catálogos e inventarios pleno y bajomedievales de distintos territorios, como los testigos del tratado que han sobrevivido, demuestran la gran difusión de la obra en los monasterios masculinos,84 El número de los testigos anteriores al siglo XIV que han llegado a nosotros y pueden vincularse con seguridad a algún establecimiento de monjes blancos evidencia un predominio de los desaparecidos. Para valorar la presencia de la obra en las bibliotecas de monasterios masculinos de Francia e Inglaterra, son útiles, entre otros, los trabajos de Bondéelle-Souchier 1991, Bell 1992 y Peyrafort-Huin 2001, así como los catálogos impresos y las unidades descriptivas en línea de los centros en los que hoy se conservan los ejemplares supervivientes. Por lo que se refiere a los cenobios masculinos de León y Castilla, solo puede mencionarse un volumen pregótico, acéfalo y ápodo, procedente de Santa María de Huerta (Soria), que guarda En. 5 - En. 50: Soria, BPE, Ms. 32-H. Falta el comienzo de En. 5 y el final de En. 50. Véase Suárez González 2007, 293, 303-304. Agradezco a María Teresa de la Fuente León, directora de la BPE de Soria sus facilidades para llevar a cabo el estudio de este manuscrito. Dos folios conservados en el AHP de Zamora, procedentes de San Martín de Castañeda (Zamora), contienen parte de En. 132 y En. 147. Sobre estos fragmentos, Suárez González 2003, 79-80. El análisis de las piezas fue posible gracias a la colaboración de la dirección y personal auxiliar del AHP de Zamora. pero no entre las monjas de la Orden, pues las colecciones de las religiosas eran muy distintas, con frecuencia solo formadas por ejemplares litúrgicos stricto sensu, libros devocionales y otros de “poco valor intelectual”.85 Observaciones de Bondéelle-Souchier 1994, 198. Véanse también Bell 1995; Falmagne 2002, 37-38; Baury 2019. Además de un instrumento muy útil para la lectio divina en privado, apropiado para la formación en teología o exégesis bíblica de los monjes blancos, el texto agustiniano fue objeto también de lectura comunitaria litúrgica.86 Por ello, era muy importante que el texto trasladado careciese de errores, como, parece, demuestra la meticulosa revisión de la que fue objeto otro ejemplar cisterciense de las Enarrationes, el códice París, BnF, Bibliothèque de l’Arsenal, Ms-302, procedente de Fontenay (Côte d’Or, Francia) y estudiado por Stutzmann 2015. Los Ecclesiastica Officia o Consuetudines cistercienses estipulan que debía leerse en el oficio nocturno de las ferias de Cuaresma: “A prima autem dominica quadragesime qua scilicet libros diuidimus, ad uigilias in ecclesia priuatis diebus utimur tractatibus sancti Augustini super psalmos”.87 Así en Dijon, BM, Ms 114, f. 169r, en el apartado encabezado por la rúbrica “De LXXma”. Este códice, confeccionado c. 1180 y procedente de Cîteaux, es el “exemplar inuariable ad conseruandam uniformitatem et corrigendam in aliis diuersitatem” (f. 1v). Texto editado, bajo el epígrafe “XI. De Septuagesima”, por Guignard 1878, 102, y Choisselet y Vernet 1989, 84.
Atestigua este uso litúrgico un breviario pregótico mútilo que perteneció, parece, a otra abadía femenina, la de San Clemente (Toledo), y hoy se conserva en el monasterio benedictino de Monserrat (Ms. 1117). 88 Descrito por Olivar 1969, 135-139. La nota que vincula el ejemplar a San Clemente de Toledo, situada en el margen superior del f. 5v, es moderna. El estudio de este códice ha sido posible gracias a la colaboración de la dirección y personal de la Biblioteca del monasterio de Montserrat. Las porciones de las Enarrationes in Psalmos que debían leerse en cada una de las ferias se copiaron en él completas.89 Comienza el libro, acéfalo, con los textos incompletos correspondientes al tercer domingo de Cuaresma. La primera lectura del Officium ad matutinum de la II feria se inicia con En. 120, 13, 27 (Augustinus 2001, 79). Sin embargo, con frecuencia, las comunidades de la Orden emplearon para el mismo fin ejemplares de las Enarrationes propiamente dichos. Lo demuestran las acotaciones, originarias o añadidas con posterioridad, que, en los márgenes o dentro del cuadro de justificación de las páginas, compartimentan el texto continuo agustiniano de algunos ejemplares supervivientes en series de tres lectiones.90 Además de Paris, BnF, Bibliothèque de l’Arsenal, Ms-302, de Fontenay (Stutzmann 2015), pueden mencionarse otros ejemplares cistercienses, como Clamecy, Musée d’Art et d’Histoire Romain Rolland, inv. CP 556, fragmento procedente de Pontigny; Dijon, BM, Ms 145 y Ms 147, llegados de Cîteaux; BN, Alc. 343, Alc. 344, Alc. 345 y Alc. 346, de Santa Maria de Alcobaça y el hortense Soria, BPE, Ms. 32-H. Las acotaciones a veces pasan casi desapercibidas por su ubicación y módulo y en otros casos, como se observa en el último manuscrito citado, llaman la atención por su color y gran tamaño. Hay que tener en cuenta que en el Officium ad matutinum ferial eran tres las lecturas largas, acompañadas cada una de un responsorio.91 Junto a seis salmos con antífonas y un versus, estas lecturas componían el “primer nocturno”. Al respecto, Gibert Tarruell 1998, 1752.
El códice que nos ocupa no tiene anotaciones de este tipo, indicadoras de un uso en el Oficio, de una lectura comunitaria en la iglesia o en el refectorio, 92 Las lecturas del Oficio nocturno podían iniciarse en la iglesia y proseguirse en el refectorio. A esta práctica, relativa a otros textos y periodo, se hace referencia en los Ecclesiastica Officia, apartado “De duabus ebdomadibus ante Pascha” (Dijon, BM, Ms 114, f. 169v). y nada en él permite saber, asimismo, si se utilizó en privado, cuándo, por quiénes y para qué. Si el libro se hubiese leído con atención y frecuencia, ¿habrían perdurado sin enmienda los errores en algunos epígrafes? La reducción a siglas de pasajes de la Sagrada Escritura ¿entorpecía tanto la comprensión del texto que dejó el manuscrito sin lectores? Si, en efecto, se elaboró para las monjas de Las Huelgas, ¿disponía la comunidad de un volumen litúrgico similar al Ms. 1117 de la Biblioteca de Montserrat con las porciones necesarias de las Enarrationes trasladados in extenso? Si nunca tuvo título, ¿no sabían las religiosas que contenía una obra que podían emplear en el Oficio nocturno? ¿Ignoraban incluso que poseían un tratado de san Agustín? La etiqueta de identificación en la encuadernación demuestra que a principios del pasado siglo se desconocía quién era el autor de los “Comentarios de valor sobre los salmos” que guardaba el, entonces, manuscrito número XI.
5. Lecturas pendientes
⌅Ignoramos, por tanto, quién -persona o colectivo- decidió que se confeccionase “el libro de Martinus”, el único nombre que el códice comunica, el personaje incluido en una escena que bien habría servido para garantizar el recuerdo perpetuo de su promotor o su donante. Las monjas de Las Huelgas, tan presentes en las notas marginales y adiciones de otros códices pregóticos del mismo fondo, están por completo ausentes del manuscrito más cercano, el que copió, casi en su totalidad, un “escribano” del monasterio.
Ni el estudio integral de este volumen “de menor calidad, aunque curioso” (Yarza Luaces 1991, 49Yarza Luaces, Joaquín. 1991. “Códices iluminados en el Monasterio de Las Huelgas”. Reales Sitios: Revista del Patrimonio Nacional 107: 49-56.
),
si se compara con otros ejemplares iluminados del cenobio, ni la
información guardada en los instrumentos del archivo monástico bastan
para resolver estas y otras incógnitas.
Es necesario, por ello, iniciar nuevas lecturas, proseguir la búsqueda para hallar el modelo del que Martín y sus compañeros se sirvieron o, al menos, otros testigos de la misma familia de la obra agustiniana, y para encontrar productos escritos -libros y documentos- emparentados gráficamente con el manuscrito 13.
Quizá en algún momento podamos saber si el códice formó parte de una serie que abarcaba el texto completo de las Enarrationes in Psalmos o nació ya como pieza aislada, si fue fruto de una colaboración puntual de sus artífices o estos formaban un taller estable, cuántos y quiénes eran, en qué periodo trabajaron y, lo más importante, si este posible scriptorium estaba en -y solo al servicio de- Sancta María Regalis de Burgos.
Agradecimientos
⌅Este trabajo no habría sido posible sin la colaboración de sor Ana María Pérez (†), archivera de Santa María la Real de Las Huelgas cuando examiné por primera vez el códice MH Ms.13.
Declaración de conflicto de intereses
⌅La autora de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Fuentes de financiación
⌅Este estudio se deriva del proyecto de investigación Libros memoria y archivos. Cultura escrita cisterciense (LEMACIST), financiado por la Agencia Estatal de Investigación y el FEDER, Ref. HAR2017-82099-P.
Declaración de contribución de autoría
⌅Ana Suárez González: conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, obtención de fondos, administración de proyecto, redacción - borrador original, redacción - revisión y edición.