Hispania Sacra 76 (153)
ISSN-L: 0018-215X, eISSN: 1988-4265
https://doi.org/10.3989/hs.2024.1074

Reseña de / Review of: Arcuri, Andrea: Formas de disciplinamiento social en la época de la confesionalización. Costumbres, sacramentos y ministerios en Granada y Sicilia (1564-1665), Editorial Universidad de Granada, Granada, 2021, 468 págs. ISBN: 978-84-338-6911-1

 

Hay libros de Historia, aunque raros, que permiten una lectura fragmentada de su contenido y no por ello incompleta, porque cada parte se desarrolla de un modo cabal con unidad en sí misma y, sin embargo, siguen un hilo conductor que inserta a la perfección cada parte en el todo, de manera impecable, hasta obtener unas conclusiones altamente significativas. Esa unidad construida sobre la diversidad es una de las virtudes de esta obra, cuya publicación afronta la Editorial Universidad de Granada en su colección Historia.

Por tanto, desde el punto de vista temático, el lector encuentra aquí tres ámbitos bien definidos: el control de las conciencias a través de la práctica sacramental de la confesión y los interesantes manuales de confesores, las visitas pastorales como mecanismos de control del clero y de los fieles, y las misiones populares con sus multitudinarias predicaciones y sus atrayentes prácticas devocionales. Hasta ahí la temática desarrollada por el autor en una intensa investigación de varios años que constituyó la base de su tesis doctoral.

Cada capítulo se redondea en sí mismo, pero eso no le basta al autor. Hay otros dos aspectos transversales que refuerzan la originalidad y solidez de esta obra. El primero, y acaso más importante al considerar el ecléctico estado actual de la historiografía modernista en España, es el marco teórico en que se inserta, con herramientas conceptuales tales como disciplinamiento social y confesionalización, paradigmas de análisis procedentes de la historiografía alemana de hace unas décadas. Wolfgang Reinhard y Heinz Schilling extendieron a principios de la década de 1980 el uso del concepto «confesionalización», que definió toda una época en Europa bajo los intereses confluyentes de las Iglesias cristianas y del poder de los estados, en medio de una Cristiandad dividida. Este proceso, inseparable de la reafirmación de los estados modernos, conjugaba una poderosa identidad doctrinal con mecanismos de disciplinamiento ejercidos, de arriba abajo, sobre los fieles/súbditos. Retomaban así el concepto «disciplinamiento social» formulado por Gerhard Oestreich a finales de la década de 1960 para definir la creciente capacidad de intervención y control del Estado (en un naciente absolutismo) sobre las esferas pública y privada. El modelo fue explotado, con éxitos y con reticencias, por historiadores sobre todo alemanes e italianos (destacando en este caso las figuras de Adriano Prosperi y Paolo Prodi), pero tenía vocación de aplicación a todo el ámbito europeo.

Así, en el capítulo primero de este libro, Arcuri explota minuciosamente el alcance de estas herramientas de análisis, convencido de la escasa repercusión que han tenido en el ámbito español (Federico Palomo, Ignasi Fernández Terricabras, Tomás Mantecón, María Luisa Candau y muy pocos más). Se trasluce su apuesta por conceptos a los que no se ha sacado el jugo suficiente en la historiografía hispana, pero a la vez, con una completa honradez profesional, señala los límites y las reservas de su aplicación, manifestando conceptos como «de-magificación», «modernización» y sobre todo «de-confesionalización». En este sentido, el manejo de la bibliografía de referencia me atrevería a decir que resulta magistral para el panorama español. Y, en todo caso, el análisis crítico, esencial en los estudios de Historia, es una cualidad que no solo se plantea en el marco teórico, sino que está deliberadamente presente a lo largo de todo el libro. La valentía y ambición del planteamiento se acrecienta al descartar el ámbito inquisitorial, que ha primado sobre muchos otros, y que por ese motivo era en principio el más paradigmático en relación con el disciplinamiento social, pero también el más represivo y conocido. De esta forma opta el autor por un mundo en escala de grises, y no en blanco y negro como cabría esperar.

El segundo aspecto transversal lo constituyen las coordenadas espacio-temporales de este estudio. Desde el punto de vista cronológico la llamada época de la confesionalización comprende desde la finalización del concilio de Trento hasta mediados del siglo XVII (el final de la guerra de los Treinta Años suele ser el referente más común). En España y Sicilia se ajusta bien a un siglo, hasta el final del reinado de Felipe IV —época álgida de la crisis—, bien diferenciado del reinado del último de los Austrias. Más interesante es la dualidad espacial elegida, algo que solo un investigador con la trayectoria vital de Andrea Arcuri podría hacer (siciliano afincado en Granada con estudios de Historia, de licenciatura en Italia y de doctorado en España, tesis en cotutela entre las universidades de Granada y Palermo). Esta es, por tanto, otra de las genialidades de este libro. Raramente se acometen análisis comparativos de esta índole. Y el autor los solventa con eficacia. Comparar hasta donde puede, cotejar, complementar o sencillamente mostrar procesos en paralelo, es una habilidad que ha desarrollado gracias a una fina intuición investigadora, un bagaje intelectual nada común y una voluntad férrea para resolver cuantos problemas históricos se le planteaban a lo largo del camino. Desde la óptica del confesionalismo y del disciplinamiento social, las realidades eclesiásticas de Sicilia y de Granada, ambos reinos puestos bajo la soberanía del rey de España, tienen unas connotaciones que, aunque distintas entre sí, permiten cierta equiparación: el reino de Sicilia ostentaba un viejo privilegio de legacía apostólica que facilitaba la creciente intervención real en materia eclesiástica, en especial a través del Tribunale della Regia Monarchia, mientras que las iglesias del reino de Granada se habían erigido tras la conquista de este reino bajo el régimen del regio patronato, que colocaba al monarca como cabeza de estas iglesias en detrimento de la autoridad papal. Constituyen, por tanto, sendos campos de pruebas —lo que no pasa desapercibido para el autor— en los que dirimen su alcance los dos poderes esenciales del Antiguo Régimen: la Iglesia y el Estado.

Su tenacidad inquebrantable se observa también en la búsqueda y acopio de las fuentes, tarea nada fácil dada la envergadura de la empresa investigadora acometida. Se trataba de buscar, hasta hallarlas, tipologías documentales bien definidas, comparables siempre con espíritu crítico y suficientes en todo caso para completar los campos temáticos propuestos. Por supuesto, este estudio no agota la magnitud de la documentación primaria, ni pretende esa tarea a todas luces imposible. Aplica aquí criterios de calidad, de opción por la fuente más rica y sugerente, por el género documental, impreso o manuscrito, más adecuado en cada caso y lo exprime hasta sacarle todo el «jugo», y digo bien porque la obra está salpicada de citas textuales realmente jugosas que sin duda alguna amenizan su lectura. Así ocurre con las constituciones sinodales y los manuales de confesores, con los cuadernos y decretos de visita, con los sermones y relaciones de misiones… Para ello Arcuri ha rastreado sobre todo las ricas bibliotecas de Granada, de Sevilla, de Palermo, de Monreale o de Mesina, los archivos diocesanos de Granada y de Monreale, el archivo de la Abadía del Sacromonte de Granada, aplicando criterios selectivos para obtener la información que le permitiera un discurso histórico coherente, que realmente es lo que rezuma toda la obra.

El primer gran bloque temático (capítulo II) abunda en el sacramento de la confesión y para ello desentraña pulcramente la tratadística de la época, en particular los manuales de confesores y penitentes, sobre todo los españoles e italianos, sobre la base de que la penitencia sacramental fue unos de los pilares del control ideológico de los poderes establecidos, una forma genuina de disciplinamiento de los súbditos, que a la vez eran creyentes. Y ello analizado desde la doble óptica del confesor y del confesado. Especial atención muestra, en esta forma crucial de control de las costumbres, hacia la mujer y en relación con los pecados que atañen a las prácticas sexuales. Pero también aparece el interés superior de los príncipes, la lucha contra la superstición y, desde el punto de vista del procedimiento, la angustia vital derivada de los minuciosos exámenes de conciencia.

La visita pastoral, ese mecanismo de contacto del prelado con su clero y con su pueblo reforzado tras el concilio de Trento, amén de las realizadas de forma ordinaria por expertos visitadores comisionados por los obispos, ocupa el capítulo III. De especial interés es la disección del protocolo de la visita, desde la preparación, hasta la realización in situ (con todos sus ritos) y los efectos derivados de ella. Aclara con precisión cada uno de esos elementos, insistiendo en el carácter disciplinador que tuvieron las visitas en los ámbitos extra e intra clericales, incluyendo en el caso de Monreale la visitas a conventos de monjas. De este modo emergen muchos gestos y acciones cotidianas y no duda en destacar situaciones específicas y genuinas de cada territorio, relacionadas con el tratamiento de las minorías: los fieles sicilianos de rito griego y las concordias y medidas que aseguraban su identidad en Piana dei Greci, o los efectos desoladores —en lo paisajístico, en lo humano, en lo social— que en las Alpujarras había dejado el levantamiento de los moriscos después de 1571.

Por último, y descendiendo aún más al terreno de lo popular, las misiones interiores le ofrecen un magnífico campo para detallar los efectos que tuvieron sobre el pueblo esos mecanismos disciplinadores (capítulo IV). En el caso granadino se centra en las misiones populares que irradiaba la prestigiosa abadía del Sacromonte; en el siciliano, las predicaciones y determinados ejercicios devocionales, como es la adoración eucarística de las Cuarenta Horas. Momentos intensos y vibrantes, aunque pasajeros, utilizando todos los resortes de la pedagogía del miedo para zaherir conductas y conciencias, que se traducían en la enmienda personal, en la concordia vecinal, en la recomposición de los matrimonios, en el freno de la «ira divina», en el ardiente deseo de conversión…, en una palabra, en la normalización de las gentes que tanto perseguían los poderes establecidos.

Un valor añadido a esta obra es el enfoque de género, porque en la documentación consultada, narrativa o normativa, impositiva o descriptiva, jerárquica u horizontal, la mención a la mujer es completamente recurrente. Emerge de esa rica documentación la imagen que se tenía y que se imponía a las mujeres, pero también las reacciones valientes de algunas de ellas, con matices que el discurso oficial lógicamente solía omitir o estigmatizar. La fluidez de la narración y las citas textuales magníficamente escogidas y diseminadas a lo largo del libro es acaso la última virtud reseñable de una forma muy madura e intelectualizada, a la vez que directa y emotiva, de hacer Historia.

De este modo, al autor ha conseguido una obra redonda, rotunda, que a la vez profundiza en los temas de estudio (costumbres, sacramentos, ministerios) y reafirma la epistemología histórica a través de esas categorías conceptuales de confesionalización y disciplinamiento social, sin renunciar a los estudios de género, al método comparativo y al afloramiento de los más ricos aspectos de la vida cotidiana del momento. Por eso, me atrevo a calificarla de obra maestra, cuyo éxito es ya patente, pues más allá de su presentación en ámbitos académicos o en librerías, ha sido objeto de exposición y debate en cursos especializados dirigidos a investigadores y doctorandos de Italia, de España o de Latinoamérica. Incluso se presta, como ha hecho su autor, a instrumentos de alta divulgación, como es la elaboración de un cómic, magistralmente ilustrado por Juanjo Megías, titulado «Sacromonte. Confesores» (https://play.google.com/store/apps/details?id=com.LaTabletaGrafica.SacromonteConfesores).

Y es que, por encima de todo lo expuesto, esta obra es una sucesión de ventanales abiertos a la vida de hombres y mujeres, desde macrocategorías conceptuales que en absoluto ejercen una tiranía interpretativa, sino que ofrecen claves de búsqueda manejadas con madurez y habilidad. Lo dicho, hay libros y libros de Historia; algunos bien acomodados en la rutina, otros sugeridores de nuevas formas de practicar y entender la Historia. Este es uno de ellos y a buen seguro no será la única sorpresa historiográfica que nos depare Andrea Arcuri.